
Tan cercana ha estado la tauromaquia de la vida política, que sus cosos han reunido a cuantos personajes han determinado la vida pública y política de México, desde senadores, diputados, secretarios de Estado y hasta presidentes, basta recordar la afición de Porfirio Díaz, por ejemplo, quien era particularmente amante de la tauromaquia y asiduo asistente al coso de El Toreo. Incluso, se decía que en sus años mozos había practicado el arte de Cúchares en la hacienda El Astillero, ubicada en Huichapan, Hidalgo.
Porfirio Díaz era y se sentía parte del quehacer taurino y en los días de su mandato presenciaba el inicio de la formación de extraordinarios coletas mexicanos, como Rodolfo Gaona, el Indio Grande. Además de convertirse en uno de los principales impulsores de la fiesta y ganadería brava en México.
Quienes también fueron asiduos taurinos como presidentes de la República, fueron Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. Y en tiempos contemporáneos podemos recordar, entre los políticos, al Niño Verde —aunque realmente él tiene sus asegunes tanto para el movimiento ecologista que representa, como para la admiración que se le vio alguna vez en las lides, pues si bien gritó eufóricos olés, a nadie se le olvida que mientras aplaudía junto al respetable, su partido presumía espectaculares y hasta una enorme pinta muy cerca de La México, en contra de la fiesta brava, ¡ups!—.
También están los que nunca han negado su afición, como el perredista Jesús Ortega, que no sólo es un apasionado taurino, sino que además ha llevado sus lazos afectivos más allá de los tendidos, pues su esposa es nada menos que pariente del matador Óscar San Román. O el priista Roberto Madrazo.
Y aunque ahora sus ocupaciones presidenciales le impidan regresar a un coso, Felipe Calderón también gozó de las lidias, pues siendo secretario de Energía en el gobierno de Vicente Fox, e incluso antes, no se perdía corrida en la plaza de Insurgentes, con todo y su familia.
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