13 de julio de 2008

La oreja de Van Gogh


Dicen que hay amores que matan y admiraciones que mutilan, y en la provincia francesa de Arles, en el abril de 1888, su fiesta brava cautivaba el corazón y los pinceles de Vincent van Gogh, quien en un lienzo de 73 x 92 centímetros pintaría su plaza de toros, apenas en diciembre de ese mismo año.

Ya para entonces, su sueño de convertir la casa amarilla en el principio de una colonia de artistas, comenzaba a transformarse en una pesadilla. Hacía una par de meses que Paul Gauguin visitaba a Van Gogh, en Arles, y lo que iniciara como una idílica camaradería en París empezaba a ser un verdadero infierno.

La debilidad mental de Vincent y la presión plástica a la que le sometía Gauguin, son el origen de las desavenencias, ya que mientras la memoria era fundamental para Paul, el contacto directo lo era para Van Gogh.

Incluso, hay quien afirma que la misma obra de La plaza de toros en Arles, es uno de los mejores ejemplos de este ejercicio de memoria demandados por Gauguin, de suerte tal que “la escena está tremendamente bocetada, abundando los colores oscuros a diferencia de las imágenes otoñales”, producto de los colores y la luz de la provincia.

Sea como sea, la ruptura está anunciada y con ella llega uno de los pasajes que marcaron tanto la vida de Vincent van Gogh como su obra, la mutilación de su oreja, la cual tendría dos explicaciones: la romántica, que se traduce en una ofrenda de amor a una prostituta; y la de la cólera e impotencia por una discusión con Paul Gauguin.

Sin embargo, en una biografía homónima del pintor (ABC, 2004), es Pierre Leprohan quien rescata la tesis del escritor provenzal J. Olivier, que resalta el gusto de Vincent por las corridas de toros y su frecuente asistencia, “de manera que los dos actos (seccionarse la oreja y después ofrecerla a una dama) no son incoherentes y mantienen un encadenamiento normal para quien conoce esta costumbre. Van Gogh se cortó su oreja, su propia oreja, como si fuera a la vez el toro vencido y el matador triunfante.”

Es decir, que el corte y la entrega de la apéndice sirve a Van Gogh para consagrar la lucha que enfrenta con Gauguin, y de la que se siente paradójicamente perdedor y ganador, pues señala, a su vez Pierre Leprohan, “es preciso recordar, finalmente, esta conjunción que se opera en casi todas las religiones primitivas entre el mito solar y el mito del toro, símbolo del combate y del poder. Al término de la exaltación que lo ha mantenido todo el verano cara al sol de la Provenza, esta identificación con el animal herido de muerte adquiere un sentido que podríamos calificar de premonitorio. El drama de la oreja cortada marca el fin de un combate.”

Gaonera

En la foto Alejandro Talavante


"Don Rodolfo Gaona, 'el hombre más hermoso del mundo', según adjetivo de Manuel Capetillo, el Torero Non, la ejecutó por primera vez en la plaza de Madrid el 28 de marzo de 1910, y todavía algunos cronistas españoles la siguen llamando 'de frente por detrás'..."


Malasombra, Pepe. Citar, templar, mandar. Colec. La Centena / Ensayo. Coedición Ediciones sin Nombre y Conaculta. México, 2006.

4 de julio de 2008

De regreso al origen


Volvemos a casa. Los convidados de Minos -antes Desde los tendidos- retornan a su gestor Milenio Diario, sólo que ahora en versión electrónica:


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Así que ya nos veremos en dos casas o sites...