
Dicen los que saben que no hay nada mejor que “entrarle al toro por los cuernos”, así que toca el turno al espinoso tema del dolor. Es imposible negar la existencia de éste en una lidia, y menos suponer que el toro jamás lo experimenta o experimentará (salvo, quizás, en las corridas incruentas).
Sin embargo, debe quedar claro que, a un toro jamás se le pica para menguar sus facultades o hacerlo sufrir, si no todo lo contrario, primero porque la puya del primer tercio lo que busca es producir una leve herida que exalte los sentidos de defensa del toro, su bravura, es decir, que lo enoje lo suficiente para embestir todo lo que se le ponga enfrente. Segundo, porque su correcta colocación hace que el astado, entre lance y lance, no cabecee a diestra y siniestra al final de su recorrido. Si sucede lo contrario, si se le pica de más, el toro irremediablemente perderá tal cantidad de sangre que lo debilitará y hará que sea casi imposible tener una buena lidia y mucho menos concluirla decorosamente.
Las banderillas son el segundo punto de polémica, por los garfios que emplean para quedarse prendados en la piel del toro. Esta segunda suerte, al igual que el estoque, es una de las de mayor vulnerabilidad para el torero o ayudante de cuadrilla, ya que solo con el par de astas se enfrenta a un bicho que rebasa por mucho su tamaño y su peso, así como su fuerza. Éstas no pretenden herir al toro como la puya, son una especie de piercing, que si bien no están diseñadas para provocar dolor si pueden resultar molestas o incomodas, y más al torero.
En tanto que el estoque o suerte máxima está diseñado para que el astado muera de inmediato sin mayor sufrimiento, de ahí que la espada esté diseñada para que esto ocurra, ya que el hierro es curvo hacia el final, lo que permite el corte de un solo tajo de la aorta. Y luego el descabello que termina con la conexión nerviosa.
¿Qué tan dolorosa puede ser una corrida? No lo sé, pero si partimos de una explicación médica, que dice que las heridas solo generan un dolor insoportable y de verdadero sufrimiento después de un largo rato de haberse realizado, y las más profundas las más de las veces son imperceptibles, salvo por el sangrado, ya que la primera reacción del cuerpo, ante un hecho violento, es producir una descarga de adrenalina y alerta para cuidarlo de otra acometida, a diferencia de lo que sucede con los pequeños y accidentales cortes que pudiera producir una hoja de papel o un cuchillo de cocina, que a veces parecieran la herida más grande del mundo, entonces, puede ser que el toro sí explore en la lide toda su naturaleza.