
Ahora que vivimos en el mundo de lo políticamente correcto, en el que llamar negros a los negros, gordos a los gordos o discapacitados a los discapacitados es sinónimo de racismo o discriminación, por llegar a los extremos, qué tal el panorama con las cuestiones de género, cuando se aduce que una mujer no es lo suficientemente diestra para desempeñar un trabajo. Por lo general y sin escuchar siquiera los argumentos de quien lo señala, sale a relucir una seria defensa de la aludida, haciendo especial énfasis en que se trata de discriminación, de machismo, pero y ¿si no se puede defender lo indefendible?
Desde siempre, el mundo del toreo ha sido predominantemente masculino, salvo las majas y los cientos de féminas que han representado un papel importante al lado de grandes toreros. Son pocas las matadoras que han llegado a trascender, siendo, quizás, a la que más se recuerde en tiempos contemporáneos: Cristina Sánchez —que en el momento cumbre de su carrera, le prestó un poquito de reflectores al entonces desconocido Pablo Montero, por cuestiones del corazón—.
Sin duda se trató de una bella torera española, que se retiro de los ruedos argumentando la poca disposición de los empresarios, tanto en su país como en México, por considerarla en carteles importantes, y de los coletas varones por lidiar a su lado. Sin embargo, es aquí donde yo comienzo a tener mis dudas, pues tuve la fortuna de verla torear varias veces y sí bien siempre he reconocido su valentía y disposición en el ruedo, no puedo decir que su toreo fuera el mejor que he visto en la vida, pero igualmente puedo afirmar lo mismo de muchos hombres.
Entonces ¿qué fue lo que provocó tanto revuelo cuando se retiró? Es simple, su condición femenina, pero cosa curiosa México a la par de España, ya venía gestando una fuerte inquietud fémina, pues muy pronto vimos debutar a la mexicana Mónica Serrano, quien no sólo se convirtió en promesa taurina, sino además logró convertirse en uno de los mejores toreros a caballo, suerte o, mejor dicho, aptitudes que muchos varones sin duda envidiaron en el rejoneo del país. Pese a ello se casó y la perdimos en los ruedos y la ganamos como una muy buena ganadera.
Sin embargo, también surgió una interesante triada femenina: Marbella Romero, Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio; de las cuales sólo Marbella ya es matadora, y no se puede decir que siquiera se acerque a las figuras de las diestras españolas Cristina Sánchez o Mari Paz Vega. Por lo que el toreo mexicano realmente no se ha perdido de nada al no verla actuar.
Pero, mención aparte merecen Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio, la primera aunque demasiado verde todavía, sí se aplica podrá demostrar que puede seguir en los ruedos. En tanto que Hilda Tenorio, ella sí que puede ser esa gran torera que demuestre que los grandes carteles se ganan y el título de matadora también, pues esta talentosa mujer, recién salidita de la adolescencia, ha demostrado en más de una ocasión que tiene técnica, arte y valor.
Tan es así, que después de dos años de ausencia en la Plaza México, por una lesión en la rodilla derecha, regresó triunfal al coso el domingo 29 de junio, en una tarde novilleril un poco trágica por la severa cogida que recibirá Manuel González Montoyita. Logrando, incluso, la mayor entrada registrada hasta ahora en lo que va de esta temporada, porque sí hay algo que sabe reconocer el respetable fiel de La México es el talento, sin importar el género.
Desde siempre, el mundo del toreo ha sido predominantemente masculino, salvo las majas y los cientos de féminas que han representado un papel importante al lado de grandes toreros. Son pocas las matadoras que han llegado a trascender, siendo, quizás, a la que más se recuerde en tiempos contemporáneos: Cristina Sánchez —que en el momento cumbre de su carrera, le prestó un poquito de reflectores al entonces desconocido Pablo Montero, por cuestiones del corazón—.
Sin duda se trató de una bella torera española, que se retiro de los ruedos argumentando la poca disposición de los empresarios, tanto en su país como en México, por considerarla en carteles importantes, y de los coletas varones por lidiar a su lado. Sin embargo, es aquí donde yo comienzo a tener mis dudas, pues tuve la fortuna de verla torear varias veces y sí bien siempre he reconocido su valentía y disposición en el ruedo, no puedo decir que su toreo fuera el mejor que he visto en la vida, pero igualmente puedo afirmar lo mismo de muchos hombres.
Entonces ¿qué fue lo que provocó tanto revuelo cuando se retiró? Es simple, su condición femenina, pero cosa curiosa México a la par de España, ya venía gestando una fuerte inquietud fémina, pues muy pronto vimos debutar a la mexicana Mónica Serrano, quien no sólo se convirtió en promesa taurina, sino además logró convertirse en uno de los mejores toreros a caballo, suerte o, mejor dicho, aptitudes que muchos varones sin duda envidiaron en el rejoneo del país. Pese a ello se casó y la perdimos en los ruedos y la ganamos como una muy buena ganadera.
Sin embargo, también surgió una interesante triada femenina: Marbella Romero, Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio; de las cuales sólo Marbella ya es matadora, y no se puede decir que siquiera se acerque a las figuras de las diestras españolas Cristina Sánchez o Mari Paz Vega. Por lo que el toreo mexicano realmente no se ha perdido de nada al no verla actuar.
Pero, mención aparte merecen Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio, la primera aunque demasiado verde todavía, sí se aplica podrá demostrar que puede seguir en los ruedos. En tanto que Hilda Tenorio, ella sí que puede ser esa gran torera que demuestre que los grandes carteles se ganan y el título de matadora también, pues esta talentosa mujer, recién salidita de la adolescencia, ha demostrado en más de una ocasión que tiene técnica, arte y valor.
Tan es así, que después de dos años de ausencia en la Plaza México, por una lesión en la rodilla derecha, regresó triunfal al coso el domingo 29 de junio, en una tarde novilleril un poco trágica por la severa cogida que recibirá Manuel González Montoyita. Logrando, incluso, la mayor entrada registrada hasta ahora en lo que va de esta temporada, porque sí hay algo que sabe reconocer el respetable fiel de La México es el talento, sin importar el género.







