30 de junio de 2008

Cuestión de género


Ahora que vivimos en el mundo de lo políticamente correcto, en el que llamar negros a los negros, gordos a los gordos o discapacitados a los discapacitados es sinónimo de racismo o discriminación, por llegar a los extremos, qué tal el panorama con las cuestiones de género, cuando se aduce que una mujer no es lo suficientemente diestra para desempeñar un trabajo. Por lo general y sin escuchar siquiera los argumentos de quien lo señala, sale a relucir una seria defensa de la aludida, haciendo especial énfasis en que se trata de discriminación, de machismo, pero y ¿si no se puede defender lo indefendible?

Desde siempre, el mundo del toreo ha sido predominantemente masculino, salvo las majas y los cientos de féminas que han representado un papel importante al lado de grandes toreros. Son pocas las matadoras que han llegado a trascender, siendo, quizás, a la que más se recuerde en tiempos contemporáneos: Cristina Sánchez —que en el momento cumbre de su carrera, le prestó un poquito de reflectores al entonces desconocido Pablo Montero, por cuestiones del corazón—.

Sin duda se trató de una bella torera española, que se retiro de los ruedos argumentando la poca disposición de los empresarios, tanto en su país como en México, por considerarla en carteles importantes, y de los coletas varones por lidiar a su lado. Sin embargo, es aquí donde yo comienzo a tener mis dudas, pues tuve la fortuna de verla torear varias veces y sí bien siempre he reconocido su valentía y disposición en el ruedo, no puedo decir que su toreo fuera el mejor que he visto en la vida, pero igualmente puedo afirmar lo mismo de muchos hombres.

Entonces ¿qué fue lo que provocó tanto revuelo cuando se retiró? Es simple, su condición femenina, pero cosa curiosa México a la par de España, ya venía gestando una fuerte inquietud fémina, pues muy pronto vimos debutar a la mexicana Mónica Serrano, quien no sólo se convirtió en promesa taurina, sino además logró convertirse en uno de los mejores toreros a caballo, suerte o, mejor dicho, aptitudes que muchos varones sin duda envidiaron en el rejoneo del país. Pese a ello se casó y la perdimos en los ruedos y la ganamos como una muy buena ganadera.

Sin embargo, también surgió una interesante triada femenina: Marbella Romero, Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio; de las cuales sólo Marbella ya es matadora, y no se puede decir que siquiera se acerque a las figuras de las diestras españolas Cristina Sánchez o Mari Paz Vega. Por lo que el toreo mexicano realmente no se ha perdido de nada al no verla actuar.

Pero, mención aparte merecen Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio, la primera aunque demasiado verde todavía, sí se aplica podrá demostrar que puede seguir en los ruedos. En tanto que Hilda Tenorio, ella sí que puede ser esa gran torera que demuestre que los grandes carteles se ganan y el título de matadora también, pues esta talentosa mujer, recién salidita de la adolescencia, ha demostrado en más de una ocasión que tiene técnica, arte y valor.

Tan es así, que después de dos años de ausencia en la Plaza México, por una lesión en la rodilla derecha, regresó triunfal al coso el domingo 29 de junio, en una tarde novilleril un poco trágica por la severa cogida que recibirá Manuel González Montoyita. Logrando, incluso, la mayor entrada registrada hasta ahora en lo que va de esta temporada, porque sí hay algo que sabe reconocer el respetable fiel de La México es el talento, sin importar el género.

29 de junio de 2008

El Paraíso III


Apoyando las rodillas en la arena, con la espalda erguida y el capote sujeto con ambas manos, esperó la salida del astado. En segundos, un cardeno se precipitó hacia las ondas de tela apenas despegada del hombre...


Cuarta entrega. Parte III: Leer más

25 de junio de 2008

Grandeza


Foto: Jelsoft Enterprises

No se puede ser un mexicano inteligente sino se sabe amar y admirar lo grande de España, pero menos se puede ser amante o admirador inteligente si se ama con las rodillas y no con la cabeza y el corazón.

Leonardo Páez

24 de junio de 2008

¿Ángeles o demonios?


Con arrabalescos escenarios transcritos de sus realidades, Charles Bukowski se dedicó a exorcizar sus demonios, dándoles el carácter de sórdidas divinidades cuya mayor belleza y cualidades radicaban en la propia decadencia.

Así, en uno de los mejores filmes basados en su obra, y por ende en su vida, llamado Storie di ordinaria follia (Marco Ferreri, 1981) encontramos uno de los pasajes más hermosos sobre la pérdida que bien podría resumir la existencia de muchos ángeles, que envueltos en un estuche humano, sucumben a la fuerza gravitatoria de la tierra…

“Cuando el fondo se derrumba, el viaje es terrible. Toda mi vida había desafiado la muerte del alma de todo el mundo: los idiotas, los amigos, los compañeros, los falsos. Siempre he tenido la boca grande, pero me gusta pensar que mis palabras son hermosas. Ahora no había palabras, solo un vacío. Estaba cegado por las ascuas de la memoria y un millón de pensamientos sobre la chica más hermosa de la ciudad. Se había ido. Cass, esa puta, ese ángel que voló demasiado cerca del suelo y se estrelló.”

Mas es en una breve tentación por la fiesta y los excesos que en todas sus versiones se encuentran, que Charles Bukowski con más admiración que desprecio, sin exentar la mofa por torpeza, se dio permiso de inmiscuirse en el mundo taurómaco, dejando pequeños guiños en algunas de sus obras.

De tal suerte que entre Lo mejor y lo peor, se encontró que:


Los hospitales y las cárceles es lo peor
los manicomios es lo peor
los recitales de poesía, los conciertos de rock a beneficio de minusválidos es lo peor
las bodas, la medianoche, los funerales es lo peor
caer del cielo, los pelotones de ejecución eso es lo mejor
las bombitas en cajas, un viejo perro escarbando bolsas de basura,
ver al toro coger al torero eso es lo mejor
pulverizar cucarachas, grietas en la acera, mis manos muertas,
mi corazón muerto, silencio, adagio de rocas,
el mundo en llamas, eso es lo mejor para mi.

Pero es en La cara del sol que halló la grandeza de los astados y reprochó el espectáculo…


Los toros son majestuosos como la cara del sol
y a pesar de que los matan para complacer a la chusma,
es él quien enciende el fuego,
y a pesar de que hay toros cobardes como
hay matadores cobardes y hombres cobardes,
generalmente el toro conserva su dignidad
y muere con dignidad
sin ser ensuciado por símbolos, pandillas
o falsos amores,
y cuando lo arrastran por el ruedo
nada ha muerto
sólo ocurrió algo
y el hedor fugaz
que se siente
es el del mundo.

Adorando la ambivalencia de la vida y la muerte, con esa nostalgia que duele y endulza corazones en El cura y el matador


En el apacible aire mexicano vi morir al toro
le cortaron las orejas, y su grandiosa cabeza
no mostraba más miedo que una piedra
de regreso al día siguiente
paramos en una Misión
y vimos el rojo dorado y azul de las flores ondeando
como tigres en el viento
poniéndolo en métrica: el toro, y la fortaleza de Cristo:
el matador de rodillas; el toro muerto es su bebé;
y el cura mirando desde la ventana
como un oso enjaulado
podrías razonar en la plaza y jalar de tus
dudas con una cuerda de seda:
sólo te diré esto
he estado en ambos templos,
creyéndolo todo y nada
tal vez, ahora, ellos
morirán en el mío.


Y, sin embargo, Charles Bukowski, este hombre que confesó en una de sus últimas entrevistas, en 1988, a People: “Necesito beber para escribir, escribir para beber”, también reconoció en Mujeres (Ed. Anagrama), a través de Chinaski, que “las lecturas a veces te proporcionan un buen culo. Las estrellas de rock conseguían culos; los buenos boxeadores conseguían culos; los grandes toreros conseguían vírgenes. De alguna manera, sólo los toreros se lo merecían de verdad”.

19 de junio de 2008

Vida y muerte


"Dicen que entrar a matar es la suerte suprema porque es el momento en el que el torero le pierde la cara al toro. La suerte suprema para una mujer es parir porque es cuando le da cara a la vida"
.
-Lucía Dominguín

Dos razas, dos raíces


Nuestro pueblo es el resultado de la mezcla de dos razas: “la más inclemente de Europa y la más sanguinaria de América”. Es ocioso pretender desterrar un rito de sangre que nos llega por dos vertientes. Mejor sublimarlo en intentos de arte taurómaco.

-Raúl Anguiano

10 de junio de 2008

La mudanza


Con una de Presidencia, otra de Realeza y un recuerdo, mudamos la columna semanal Desde los tendidos a este espacio. Así que comencemos…

Es bien sabido que Felipe Calderón, presidente de México, es un empedernido taurómaco. Más de una vez se le vio en la Plaza México con todo y familia.

Casi siempre en barrera de sol, el ex secretario de Energía se desvivió entre olés con el respetable, y sabemos que, aún ahora, de vez en vez se da permiso de ver lidias por televisión y felicitar toreros. Alguna vez lo hizo con El Pana. Así que imaginen lo feliz que debe de estar por entregar la Medalla Presidencial al Mérito Ganadero a Fernando Pérez Salazar, propietario de la ganadería Arroyo Zarco, por “las destacadas labores en conservación y mejoramiento del ganado bravo mexicano”, el próximo 25 de junio, en la norteña ciudad de Chihuahua. Luego de que el ganadero recibiera recientemente la Divisa de Plata como ganadería triunfadora de la Feria Taurina de San Sebastián, en León.

Y con todo y polémicas antitaurinas y reproches al rey Juan Carlos y la infanta Elena, por su afición y apoyo a las lides, que no sólo es de palabra sino que refuerzan con la asistencia a los cosos, en Madrid, España, no caben de felicidad por el extraordinario retorno a Las Ventas de José Tomás, quien nada menos corto cuatro apéndices luego de una maravillosa y artística actuación, que dejó embelesados y sorprendidos a muchos que no toman partido ni a favor ni en contra de las corridas de toros. Tras esta actuación es muy probable que el desnudo de Alaska, en protesta de las lidias, no tenga mayor consecuencia.

Queridísimos José Manuel Dip y Miguel Luna Parra, rescatando esas muchas historias que no se imprimieron, he aquí un recorte: “Músico de ritmo sabroso, El Caudillo del Son cuenta en Proceso que hurgando en los archivos de la antigua Orfeón (hoy Radio Fórmula) encontró un conjunto de partituras de Agustín Lara, inéditas. Y aunque resulta muy difícil que se haya abstenido de grabar alguna de sus canciones. Se sabe que una de ellas es un pasodoble dedicado a Domingo Ortega.”

8 de junio de 2008

La sangre derramada


Es en el ámbito taurino que se da una de esas “caprichosas” y trágicas coincidencias de la historia toreril mexicano española.

El matador Ignacio Sánchez Mejías, luego de un prolongado retiro de las lides, decide “calzarse” nuevamente de luces en 1934 y el 11 de agosto parte plaza en el coso de Manzanares, en sustitución de Domingo Ortega —quien sufriera un accidente automovilístico—.

La tarde pintaba para ser excelsa en aquel coso español. Alternaba con Alfredo Corrochano y el rejoneador luso Simao da Veiga, además de Fermín Espinosa Armillita.

Pero, es cuando Sánchez Mejías se enfrenta a Granadino, un ejemplar de Anaya, que sufre una cornada de muerte y entra al quite el maestro Armillita, para darle fin al astado.

El luto afecta de igual manera a los amantes de los toros que a los de las letras —fue amigo de Rafael Alberti, Antonio Marichalar, José María de Cossío, entre otros importantes intelectuales y escritores—, cuando se sabe que el diestro fenecía apenas dos días después de la corrida.

Siendo quizás el arte de García Lorca el que le brindaría el más grande homenaje con Llanto por Sánchez Mejías, 1935, un breve libro donde yacen los versos de La cogida y la muerte, La sangre derramada, Cuerpo presente y Alma ausente.


La sangre derramada

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras

¡Que no quiero verla!

Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.

No.

¡Qué no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.

Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.

Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.

Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.

¡No me digáis que la vea!

No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.

¡Quién me grita que me asome!

¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.

Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.

No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.

Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.

Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.

¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.

Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.

Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.

¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!

No

¡Qué no quiero verla!

Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.

No

¡¡Yo no quiero verla!!

5 de junio de 2008

El verdadero valor


El verdadero valor, la verdadera importancia del riesgo en el toreo, no estriba tanto en la entereza de ánimo que se necesita para afrontarlo, cuanto en la exigencia de exactitud, de precisión que establece para el artista; un paso adelante y puede morir el hombre; un paso atrás, y puede morir el arte. El toreo se hace sobre una línea invisible, pero implacable. Destruir esa línea, escamotearla, es, por tanto, negar la esencia misma del toreo...

José Alameda

4 de junio de 2008

Danza clásica y toreo


Por José Fuentes Mares
.
"En ninguna actividad, como la danza clásica y el toreo, coinciden los más elevados valores plásticos. Estricta convergencia del ballet y la gran faena torera, conjunción del valor supremo de lo visual en el arte. Entre la danza de la rosa de La bella durmiente, y seis naturales rematados con el forzado de pecho, no sabría con qué quedarme. Seguramente nuestra pasión por la danza se explique por haber llegado a ella mediante las corridas de toros, abonando de paso la posibilidad de que los rusos lleguen a las corridas de toros por el camino de la danza. En el ballet, como en el toreo, el movimiento tiene un valor, mas la sublimación se produce al momento de quedarse quieto el escenario; al consumarse la obra de arte con su olor de arcilla fresca, arte creado instantáneamente. En el toreo, el temple implica la reducción dinámica del movimiento real al movimiento estético, que es en alguna medida negación del tiempo. Por ello suele hablarse de verónicas y pases naturales 'tan templados' que 'parece que no terminan nunca', o de medias verónicas 'que están allí todavía', no obstante llevar sus autores varios años bajo tierra. En rigor se trata de conceptos de marginación temporal tan obvia como los más brillantes momentos del Lago de los cisnes, cuya dimensión estética se goza con mayor profundidad aislándonos del tiempo. '¡El tiempo ha muerto!' parece gritar la gente. Pero el tiempo dormía al despertarlo los gritos. Terminado el vocerío, los aplausos, se desintegra la unidad plástica. Las mulillas arrastran el cadáver del toro mientras los aficionados fuman puros en los tendidos. Las bailarinas se marchan mientras el torero da la vuelta al ruedo, devolviendo prendas. Alguna gringa le arroja su pantaleta, que el hombre besa con unción. El milagro de la belleza-eternidad ha caído hecho pedazos."

Intravagario. Ed. Grijalbo, 1986

2 de junio de 2008

Afrentas y supersticiones


Es casi un hecho que taurinos y antitaurinos recuerdan, en su versión novelada o cinematográfica, a la Santa, de Federico Gamboa, aquella mujer de la vida galante que se enamora de El Jaramillo, un toreo que la adopta como su querida a cambio de fidelidad.

Al principio todo marcha de maravilla, sin embargo, durante las lides ella tiene prohibido pisar el coso donde su amado se presenta, porque de hacerlo pone en riesgo la tarde, e incluso, la vida del torero, “lo sala”, así que no tiene más remedio que quedarse en casa.

Mas, es entonces que el aburrimiento la abate y cede a la tentación de entretenerse con un amante, y he aquí que llega la tragedia. El Jaramillo regresa antes de lo planeado y sorprende a su Santa en otros brazos. Viene entonces la ruptura y el castigo.

¿Habrían sido diferentes las cosas de haber podido Santa asistir a los ruedos? Quizás. Lo cierto es que hasta hace muy poco las mujeres de los toreros tenían prohibido pisar las plazas en que ellos se presentaban —como en sus inicios ocurría con las embarcaciones, pues la sola presencia de una mujer confería un mal augurio a la nave y su tripulación—, ya que era seguro que el diestro sufriera un percance.

Y si bien ahora existe una mayor tolerancia a la presencia femenina, que incluso en más de una lidia hasta ha servido a un matador de inspiración, aún quedan ciertos temores o supersticiones sobre lo que implica la cercanía de una mujer.

Platicando con Álvaro Contreras, un colega, me contó como, un día, su esposa Flor le arruinó una tarde de toros a Julián López El Juli. Le echó la sal.
.
“Hace poco más de ochos años, cuando El Juli era novillero fui a verlo a Aguascalientes, para tomarle unas fotos. Mi esposa me acompañaba. Llegamos al hotel donde se hospedaba y tras atropelladas búsquedas, su representante nos dijo dónde encontrarlo. Como ya habían comenzado a vestirlo, empecé a tomar las imágenes. Mi esposa sólo observaba. En eso llega el papá de El Juli y emite un terrible grito, preguntando qué hacía una mujer en el cuarto. Eso era muy malo, un desastre."
.
Y créanlo o no, la tarde resultó desastrosa. El Juli fue revolcado, sin consecuencias por fortuna, por un astado…