
Por Leo Mendoza
Y cuando Zeus se presentó ante Pasífae con toda la majestad de sus atributos olímpicos, ella, como Leda, lo rechazó. Sus ojos, su mirada, su cuerpo, su piel y su memoria aún recordaban a aquel gran toro blanco, el toro de Minos, padre del Minotauro, y de las caricias y los juegos a los que fue sometida cuando, con la ayuda de Dédalo, sedujo a la bestia bajo una piel de ternera. Dicen que así nació el toreo: con la lascivia y la pasión de la mujer y el odio de un Dios en las entrañas.
Malasombra, Pepe (compilador). La puerta de los sustos. Panorámica del cuento taurino contemporáneo. Ed. Ficticia. México, 2003
Y cuando Zeus se presentó ante Pasífae con toda la majestad de sus atributos olímpicos, ella, como Leda, lo rechazó. Sus ojos, su mirada, su cuerpo, su piel y su memoria aún recordaban a aquel gran toro blanco, el toro de Minos, padre del Minotauro, y de las caricias y los juegos a los que fue sometida cuando, con la ayuda de Dédalo, sedujo a la bestia bajo una piel de ternera. Dicen que así nació el toreo: con la lascivia y la pasión de la mujer y el odio de un Dios en las entrañas.
Malasombra, Pepe (compilador). La puerta de los sustos. Panorámica del cuento taurino contemporáneo. Ed. Ficticia. México, 2003




















