
........................................ ............. Para Iván Ríos Gascón
Más de un artista se ha visto seducido por el toreo y le ha rendido uno o más homenajes a través de su obra, de hecho ninguna expresión artística ha escapado de él.
Literatos, músicos, escultores, pintores, cineastas y fotógrafos coleccionan las imágenes más representativas de una corrida y dejan aflorar entre letras, música, plástica y vistas, la pasión, la angustia, la entrega, el valor, la nobleza, la belleza y el duelo de una casta de toros y toreros.
Y para muestra, uno de los máximos representantes de la plástica mexicana, que hasta quiso ser torero y que por fortuna se retiró el mismísimo día de su debut: José Luis Cuevas.
Resulta ser, que siendo un mozuelo presenció su primer lidia en un sanatorio —donde se recuperaba su padre de un accidente aéreo—, oyendo a un eufórico respetable entregado a Alberto Balderas, en El Toreo, siguió la corrida hasta el momento más trágico que tuvo ésta, cuando el matador sufrió una mortal embestida de su segundo astado.
Pese a ello, la curiosidad en Cuevas nunca menguó y con los años —cuenta él mismo— se propuso “tomar los trastos” y enfrentar un toro. Se hizo de un maestro y tomó clases en los Viveros, para luego conseguir su primer contrato como aficionado práctico en la plaza Hank González, lugar donde lo perdimos como torero y lo ganamos como plástico, tras una pésima actuación. Y por poquito también lo perdemos como artista, ya que el empresario que le apostó como “matador” lo desdeñó como pintor para realizar el cartel.
Pero como buen amante de los toros, Cuevas reenfocó su pasión y siguió asistiendo a las corridas e incluso, desde la barrera, se ganó como ofrenda algunos astados, abandonándose a esa imaginación colectiva donde todos se entregan al rito de la fiesta brava.
No hay comentarios:
Publicar un comentario