26 de diciembre de 2008

2009, el año del Buey


Se dice que este, cada vez más cercano, 2009 será un año de "hacer", más que de decir. Así que, bienvenido sea el trabajo para todos. Y ya de refilón... habrá toros en La México durante todo enero y hasta llegar al aniversario de la plaza, el 5 de febrero. Se confirman: Castella, Ponce y José Tomás, y eso estará para no perderse. Un abrazo.

12 de diciembre de 2008

La virgen de los sicarios


Torito bravo, no me lo mires de
esa manera, deja que adorne tus
rizos negros con su montera,
torito noble, ten compasión, que
entre bordados, lleva encerrado,
Francisco Alegre y olé, mi corazón

De esos pretextos que a veces se encuentra uno para contar historias, resulta ser que me he topado con el contemporáneo cine colombiano y, cubriendo uno de mis pendientes cinematográficos, vi La virgen de los sicarios, de Barbet Schroeder.
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En este filme homónimo de la novela de Fernando Vallejo —a quien por cierto le correspondiera adaptar su obra a guión—, me encontré no sólo con el romance de un veterano y exitoso escritor colombiano y un jovencísimo sicario, sino además con el célebre Francisco Alegre, un pasodoble creado en 1942 por Rafael de León, Manuel Quiroga y José Antonio Ochaita. Y que para suerte de los protagonistas se convierte en su canción de amor. El escenario: El patio del tango, un restaurante argentino, en el que, “para variar”, su dueño interpreta pasodobles y boleros.

Si bien la referencia nos remite a esa Colombia taurina, la cinta poco tiene que ver con el espíritu taurómaco, aunque, ya muy forzado, se podría tejer un paralelismo con el coqueteo descarado que se da con la muerte, pues el Medellín retratado lleva la tragedia de los ruedos a las calles. Las faenas y el sobrevivir diario sustituyen los capotes y estoques por motocicletas y balas.
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Así, Fernando Vallejo (Germán Jaramillo), que regresa a Medellín “a morir”, se encuentra con el amor y con la violencia exacerbada que un día le arrebatara a su familia y, que también, le quitaría a los dos últimos hombres que amó: Alexis (Anderson Ballesteros) y Wilmar (Juan David Restrepo), que, en la ironía de la vida, se deben su propia muerte.
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Es, sin duda, una historia de amor inserta en el drama, donde el mayor exceso está en quitar de en medio a quienes estorban, literalmente desapareciéndolos de la faz de la tierra, haciendo caso, quizás, al propio Fernando que afirma que “hay que agarrar todos los vicios para probar que estamos vivos”.

9 de diciembre de 2008

De luces

Foto: Mario Sierra

Literalmente, Carrera y Carrera se ha montado el capote y la montera para salir al ruedo de la alta joyería, con su más reciente colección: De Luces, que está por demás decir, se ha inspirado en la tauromaquia para deleite y seducción de las féminas.
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Compuesta por tres líneas: Alamar, Pasodoble y Ruedo, esta firma española no sólo se conformó con manufacturar la joyería, sino además de crear toda una campaña publicitaria que incluyera a un torero y una maja, los cuales fueron ni más ni menos que el guaperrímo y talentoso diestro toledano Eugenio de Mora, además de la bellísima top model Almudena Fernández, quienes bajo la lente de Mario Sierra lograron hacerse de toda esa magia taurómaca.
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Así, Alamar (que no es otra cosa que una presilla y botón, u ojal sobrepuesto, que se cose, por lo común, a la orilla del vestido o capa, y sirve para abotonarse, o meramente para gala y adorno o para ambos fines) es una línea donde el oro blanco y los diamantes dan forma a las piezas, cuya principal inspiración o imagen es una lágrima.

En Pasodoble, las castañas y el bordado rígido de los trajes de luces fueron la inspiración para esta línea, en la que los elementos de cada joya recrean el trabajo artesanal y estilístico que yace en ellos.
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Por su parte, Ruedo hace del oro amarillo y los diamantes los protagonistas absolutos, destacando en cada una de las piezas su fascinación por “la arquitectura de la maestranza de Sevilla, recreando así la forma del ruedo, el movimiento del capote, el baile de la luz del sol y las vibraciones que se sienten con los aplausos de la afición”.

27 de noviembre de 2008

El otro Picasso


Es más que sabida la afición taurina de Pablo Picasso, misma que trascendería a su plástica y heredaría, como afición, a su primogénito Paul o Paulo, como lo recordara el fotógrafo Gyula Halász, mejor conocido como Brassaï.

Nacido en 1921, de la unión del pintor español con Olga Koklova, Paul Picasso no sólo acompañó a sus padres a las corridas de toros desde los cinco años de edad, sino además, una vez que tuvo bien aprendida la afición —y dado que nunca se separó de su padre, pese a la ruptura matrimonial de éste con su madre—, Paul cultivó sus conocimientos taurómacos y se hizo de ciertas habilidades con la muleta, además de carteles, fotografías y demás objetos de colección.

Así, el pequeño que sirviera de modelo para algunas de las obras más emblemáticas de Pablo Picasso como Paul dibujando París y otros tantos Pierrots, un día organizó con Paquito Muñoz las corridas de Vallauris, mismas que abandonaría al deceso del empresario taurino del Midi y tras la prohibición, en la Costa Azul, de la muerte del toro.

Mas no por ello, Paul Picasso se privó de tomar los trastos en más de una ocasión y enfrentarse a un astado, recordando esa sensación de miedo que a veces llega a los toreros:

En un primer momento “tengo miedo. Pero no todo el tiempo. Cuando el toro te roza, no te da tiempo a tener miedo. Pero cuando desde lejos se lanza sobre ti es un momento espantoso. Aquella cosa negra que aumenta, que aumenta y que tiene cuernos”.

19 de noviembre de 2008

La casa de Asterión


En un juego dramático que se aprovecha de un cambiante y mítico laberinto de Creta, Jorge Luis Borges recrea la historia del Minotauro, para devolverle esa excelsitud divina a Asterión, que las más de las veces le es negada por esa infausta existencia que no lo hace ni hombre ni toro.

Aquí la venganza de Poseidón sobre Minos, toma otro giro y sin dejar de lado la trágica muerte del Minotauro a manos de Teseo, desplaza la historia de la concepción del hibrido y el parto de Pasifae para centrarse en el pensamiento y sentir de Asterión ante su condición y su estadía en el laberinto.

La casa de Asterión se convierte en un monólogo que transpira la grandeza y desdén de un ente monárquico frente a la inferioridad humana, que se transmuta en miedo y repulsión por un ser que no es igual a ellos ni en estirpe, ni en fisonomía, contradiciendo incluso la idea de un ser prisionero…

“El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda transmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande…”

Y así conocemos toda la casa, donde los muebles y excesos no existen, sólo la soledad y la creatividad que en ella se genera entre juegos y sueños, mientras Asterión espera la llegada de nueve hombres cada nueve años a quienes liberar del mal, en tanto llega su propio redentor.

13 de octubre de 2008

El Gallego y Spota


Entre ficciones y realidades, lo cierto es que un día Luis Spota retomaría una de las frases más célebres, entre los toreros, para crear una de las novelas taurinas más emblemáticas del siglo XX, llamada Más cornadas da el hambre, que de acuerdo con el periodista Luis Iriberri es la respuesta que el joven matador sevillano Manuel García y Cuesta El Espartero ofrece cuando se le pregunta por qué torea.

Mas, sea como fuere, existe una versión novelada por Héctor Budar, que hace que la frase llegue a oídos de Spota. Se trata del encuentro de dos jóvenes novilleros que, en busca de apoyo para conseguir carteles, van a entrevistarse con el escritor. Uno de ellos es el Chaval, protagonista de la historia de Seda, hambre y sol; el otro es El Gallego, quien en su ímpetu por triunfar toma las riendas de la charla con el escritor y se hace de su simpatía.

Al conocerse, Spota le pide a El Gallego le muestre fotografías y programas de sus lides, a lo que le chico le responde, bajándose los pantalones:

“Estos son los únicos programas que puedo mostrarle –mientras mete los dedos en los huecos de las heridas.
“Bastante impresionado el escritor, observa detenidamente las huellas de su lucha pueblerina.
“–Qué cornadas tan severas le han dado los toros joven –hace una pausa y le pregunta- ¿y aún así sigue toreando?
“–¡Más cornadas da el hambre, Don Luis! El señor Spota escribe la frase en su libreta…”

Y bingo, meses después se publica la novela, con un éxito rotundo en el ámbito taurino.

7 de octubre de 2008

Las lunas de octubre


El toro enamorado de la Luna

La luna se está peinando en los espejos del río.
Y un toro la está mirando entre la jara escondido.
Cuando llega la alegre mañana y la luna se escapa del río,
el torito se mete en el agua embistiendo al ver que se ha ido.

Ese toro enamorado de la luna
que abandona por las noches la manada,
es pintao de amapolas y aceitunas
y le puso Campanero el mayoral.

Los romeros de los montes le besan la frente
las estrellas de los cielos le bañan de plata,
y el torito que es bravío de casta valiente,
abanicos de colores parecen sus patas.

Y el rocío de las flores le bañan la cara.
La luna vino esta noche con una bata de cola
y el toro la está esperando entre la jara
y la sombraen la cara del agua del río
donde sueña la luna lunera
el torito celoso perdío la vigila como un centinela.

3 de octubre de 2008

Jerónimo


Si de retornos se trata, quien regresa a los ruedos es nada menos que Jerónimo, que luego de tres años de ausencia decide vestirse nuevamente de luces y colocarse la montera en la Plaza México, en lo que será la segunda corrida de la Temporada Grande, el próximo domingo 12 de octubre, compartiendo cartel con José Luis Angelino e Israel Tellez, y toros de San José.

Y que no se diga que no se ha preparado intensamente, ya que después de convencerse que lo suyo es esto del toreo, ha recurrido a su traje de charro para entrenarse en la ganadería de Piedras Negras, propiedad de su tío Marco Antonio González, allá en territorio tlaxcalteca.

Lo triste de todo esto y a propósito de esta dehesa, es que pese a ser una de las precursoras de la sangre brava en México, junto a San Mateo, de los Llaguno, ahora tiene poco más de una década sin figurar en los carteles de La Monumental de Insurgentes, ¿la razón?, según palabras del propio ganadero es que sus “toros no le gustan a los toreros”, y “salvo Jerónimo nadie más se atreve a lidiarlos”, lo cual sumado a un empresariado que no es muy claro en la selección de astados termina por fastidiar las cosas.

Pero ante esto, que por desgracia ya no sorprende, lo bueno es darse cuenta que nunca es tarde para aprender y apreciar una corrida de toros, y Jerónimo junto con el ganadero Marco Antonio González, se prestó para dar unas clasecillas taurinas a un grupo de invitados especiales del mundo socialité mexicano en una tienta en Piedras Negras, que con toda la inocencia y disposición se dejó conducir por el matador en las notas del ruedo, pensando, incluso, al final de la jornada, en darse una escapada a La México para apoyar al torero.

1 de octubre de 2008

El regreso a La México


Y a este blog también. Este año, la Temporada Grande se nos adelantó un mes. El próximo 5 de octubre dará inicio con un cartel que no augura nada bueno, si bien la corrida inaugural era una de las más concurridas e importantes, esta vez, es casi seguro que pasará sin pena ni gloria. En la terna figuran el rejoneador Gastón Santos y los diestros de a pie: Alfredo Lomelí y Omar Villaseñor, con un encierro de Puerta Grande.

Mas no se entienda que yo esté en contra de impulsar nuevos valores o me niegue a reconocer los logros y ganas de los matadores que no son llamados figuras del toreo, pero los tres ya tienen sus años y sus andanzas sin terminar de repuntar, quizás a últimas fechas quien más logros ha tenido ha sido Santos y aún así su participación en este cartel no termina de compensar o brindar una garantía de una buena tarde de toros. De los siguientes carteles ni hablar, puesto que los más importantes representantes de las lides mexicanas no figuran, y ni que decir de los extranjeros.

La cosa es que los toros se terminarán en diciembre, por ahí del día de la Guadalupana, una vez concluido el ciclo de apartados, y si todo marcha viento en popa (¿será?) regresarán con la corrida de aniversario del coso de Insurgentes el 5 de febrero de 2009, que sabrá Dios a quien reunirá.

Pero no nos adelantemos que “sí hay sorpresas”, imaginen que tan bien orientado tiene todo Curro Leal, el empresario de La México, que nos trae de vuelta a los ruedos a Guillermo Capetillo, ese matador que se le recuerda más por sus éxitos en telenovelas y su romance con la actriz mexicana Verónica Castro, que por sus glorias taurinas.

Además, hay quien dice que si alguien se perdió la despedida de los ruedos del maestro Eloy Cavazos, es muy probable que repita su adiós por “enésima vez” en la monumental, lo cual ¿compensaría?, (¿eso creera el empresario?), la ausencia de Eulalio López Zotoluco, Joselito Adame, Rafa Ortega y Nacho Garibay. Bueno hasta nos libra de José Tomás, Enrique Ponce –quien por cierto está por retirarse de los ruedos-, Julián López El Juli, Andy Cartagena, Pablo Hermoso de Mendoza y tantos más.

Así que este domingo, 5 de octubre, no nos queda más que decir ¡suerte para todos!

18 de agosto de 2008

Recuperan grabado de Picasso


El grabado Minotauro, bebedor y mujeres (1933), de Pablo Picasso, que había sido robado en junio pasado de la Pinacoteca de São Paulo, junto a otras tres obras de arte, fue recuperado por la policía, luego de que fuera abandonado en una carretera al oeste de la ciudad brasileña.

El robo fue cometido por tres hombres que, en pocos minutos, inmovilizaron a los empleados de la Estaçao Pinacoteca, una galería de exposiciones contigua a la institución, metieron los cuadros dentro de un saco y salieron tranquilamente del edificio.
Las cuatro obras robadas, pertenecientes a la Fundación José y Paulina Nemirovsky y que estaban en el segundo piso de la Pinacoteca, fueron valoradas en unos 625 mil dólares. (INFORMACIÓN DE LA AGENCIA EFE)

14 de agosto de 2008

El dolor


Dicen los que saben que no hay nada mejor que “entrarle al toro por los cuernos”, así que toca el turno al espinoso tema del dolor. Es imposible negar la existencia de éste en una lidia, y menos suponer que el toro jamás lo experimenta o experimentará (salvo, quizás, en las corridas incruentas).

Sin embargo, debe quedar claro que, a un toro jamás se le pica para menguar sus facultades o hacerlo sufrir, si no todo lo contrario, primero porque la puya del primer tercio lo que busca es producir una leve herida que exalte los sentidos de defensa del toro, su bravura, es decir, que lo enoje lo suficiente para embestir todo lo que se le ponga enfrente. Segundo, porque su correcta colocación hace que el astado, entre lance y lance, no cabecee a diestra y siniestra al final de su recorrido. Si sucede lo contrario, si se le pica de más, el toro irremediablemente perderá tal cantidad de sangre que lo debilitará y hará que sea casi imposible tener una buena lidia y mucho menos concluirla decorosamente.

Las banderillas son el segundo punto de polémica, por los garfios que emplean para quedarse prendados en la piel del toro. Esta segunda suerte, al igual que el estoque, es una de las de mayor vulnerabilidad para el torero o ayudante de cuadrilla, ya que solo con el par de astas se enfrenta a un bicho que rebasa por mucho su tamaño y su peso, así como su fuerza. Éstas no pretenden herir al toro como la puya, son una especie de piercing, que si bien no están diseñadas para provocar dolor si pueden resultar molestas o incomodas, y más al torero.

En tanto que el estoque o suerte máxima está diseñado para que el astado muera de inmediato sin mayor sufrimiento, de ahí que la espada esté diseñada para que esto ocurra, ya que el hierro es curvo hacia el final, lo que permite el corte de un solo tajo de la aorta. Y luego el descabello que termina con la conexión nerviosa.

¿Qué tan dolorosa puede ser una corrida? No lo sé, pero si partimos de una explicación médica, que dice que las heridas solo generan un dolor insoportable y de verdadero sufrimiento después de un largo rato de haberse realizado, y las más profundas las más de las veces son imperceptibles, salvo por el sangrado, ya que la primera reacción del cuerpo, ante un hecho violento, es producir una descarga de adrenalina y alerta para cuidarlo de otra acometida, a diferencia de lo que sucede con los pequeños y accidentales cortes que pudiera producir una hoja de papel o un cuchillo de cocina, que a veces parecieran la herida más grande del mundo, entonces, puede ser que el toro sí explore en la lide toda su naturaleza.

13 de julio de 2008

La oreja de Van Gogh


Dicen que hay amores que matan y admiraciones que mutilan, y en la provincia francesa de Arles, en el abril de 1888, su fiesta brava cautivaba el corazón y los pinceles de Vincent van Gogh, quien en un lienzo de 73 x 92 centímetros pintaría su plaza de toros, apenas en diciembre de ese mismo año.

Ya para entonces, su sueño de convertir la casa amarilla en el principio de una colonia de artistas, comenzaba a transformarse en una pesadilla. Hacía una par de meses que Paul Gauguin visitaba a Van Gogh, en Arles, y lo que iniciara como una idílica camaradería en París empezaba a ser un verdadero infierno.

La debilidad mental de Vincent y la presión plástica a la que le sometía Gauguin, son el origen de las desavenencias, ya que mientras la memoria era fundamental para Paul, el contacto directo lo era para Van Gogh.

Incluso, hay quien afirma que la misma obra de La plaza de toros en Arles, es uno de los mejores ejemplos de este ejercicio de memoria demandados por Gauguin, de suerte tal que “la escena está tremendamente bocetada, abundando los colores oscuros a diferencia de las imágenes otoñales”, producto de los colores y la luz de la provincia.

Sea como sea, la ruptura está anunciada y con ella llega uno de los pasajes que marcaron tanto la vida de Vincent van Gogh como su obra, la mutilación de su oreja, la cual tendría dos explicaciones: la romántica, que se traduce en una ofrenda de amor a una prostituta; y la de la cólera e impotencia por una discusión con Paul Gauguin.

Sin embargo, en una biografía homónima del pintor (ABC, 2004), es Pierre Leprohan quien rescata la tesis del escritor provenzal J. Olivier, que resalta el gusto de Vincent por las corridas de toros y su frecuente asistencia, “de manera que los dos actos (seccionarse la oreja y después ofrecerla a una dama) no son incoherentes y mantienen un encadenamiento normal para quien conoce esta costumbre. Van Gogh se cortó su oreja, su propia oreja, como si fuera a la vez el toro vencido y el matador triunfante.”

Es decir, que el corte y la entrega de la apéndice sirve a Van Gogh para consagrar la lucha que enfrenta con Gauguin, y de la que se siente paradójicamente perdedor y ganador, pues señala, a su vez Pierre Leprohan, “es preciso recordar, finalmente, esta conjunción que se opera en casi todas las religiones primitivas entre el mito solar y el mito del toro, símbolo del combate y del poder. Al término de la exaltación que lo ha mantenido todo el verano cara al sol de la Provenza, esta identificación con el animal herido de muerte adquiere un sentido que podríamos calificar de premonitorio. El drama de la oreja cortada marca el fin de un combate.”

Gaonera

En la foto Alejandro Talavante


"Don Rodolfo Gaona, 'el hombre más hermoso del mundo', según adjetivo de Manuel Capetillo, el Torero Non, la ejecutó por primera vez en la plaza de Madrid el 28 de marzo de 1910, y todavía algunos cronistas españoles la siguen llamando 'de frente por detrás'..."


Malasombra, Pepe. Citar, templar, mandar. Colec. La Centena / Ensayo. Coedición Ediciones sin Nombre y Conaculta. México, 2006.

4 de julio de 2008

De regreso al origen


Volvemos a casa. Los convidados de Minos -antes Desde los tendidos- retornan a su gestor Milenio Diario, sólo que ahora en versión electrónica:


http://www2.milenio.com/portal/blogs.php


Así que ya nos veremos en dos casas o sites...

30 de junio de 2008

Cuestión de género


Ahora que vivimos en el mundo de lo políticamente correcto, en el que llamar negros a los negros, gordos a los gordos o discapacitados a los discapacitados es sinónimo de racismo o discriminación, por llegar a los extremos, qué tal el panorama con las cuestiones de género, cuando se aduce que una mujer no es lo suficientemente diestra para desempeñar un trabajo. Por lo general y sin escuchar siquiera los argumentos de quien lo señala, sale a relucir una seria defensa de la aludida, haciendo especial énfasis en que se trata de discriminación, de machismo, pero y ¿si no se puede defender lo indefendible?

Desde siempre, el mundo del toreo ha sido predominantemente masculino, salvo las majas y los cientos de féminas que han representado un papel importante al lado de grandes toreros. Son pocas las matadoras que han llegado a trascender, siendo, quizás, a la que más se recuerde en tiempos contemporáneos: Cristina Sánchez —que en el momento cumbre de su carrera, le prestó un poquito de reflectores al entonces desconocido Pablo Montero, por cuestiones del corazón—.

Sin duda se trató de una bella torera española, que se retiro de los ruedos argumentando la poca disposición de los empresarios, tanto en su país como en México, por considerarla en carteles importantes, y de los coletas varones por lidiar a su lado. Sin embargo, es aquí donde yo comienzo a tener mis dudas, pues tuve la fortuna de verla torear varias veces y sí bien siempre he reconocido su valentía y disposición en el ruedo, no puedo decir que su toreo fuera el mejor que he visto en la vida, pero igualmente puedo afirmar lo mismo de muchos hombres.

Entonces ¿qué fue lo que provocó tanto revuelo cuando se retiró? Es simple, su condición femenina, pero cosa curiosa México a la par de España, ya venía gestando una fuerte inquietud fémina, pues muy pronto vimos debutar a la mexicana Mónica Serrano, quien no sólo se convirtió en promesa taurina, sino además logró convertirse en uno de los mejores toreros a caballo, suerte o, mejor dicho, aptitudes que muchos varones sin duda envidiaron en el rejoneo del país. Pese a ello se casó y la perdimos en los ruedos y la ganamos como una muy buena ganadera.

Sin embargo, también surgió una interesante triada femenina: Marbella Romero, Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio; de las cuales sólo Marbella ya es matadora, y no se puede decir que siquiera se acerque a las figuras de las diestras españolas Cristina Sánchez o Mari Paz Vega. Por lo que el toreo mexicano realmente no se ha perdido de nada al no verla actuar.

Pero, mención aparte merecen Elizabeth Moreno e Hilda Tenorio, la primera aunque demasiado verde todavía, sí se aplica podrá demostrar que puede seguir en los ruedos. En tanto que Hilda Tenorio, ella sí que puede ser esa gran torera que demuestre que los grandes carteles se ganan y el título de matadora también, pues esta talentosa mujer, recién salidita de la adolescencia, ha demostrado en más de una ocasión que tiene técnica, arte y valor.

Tan es así, que después de dos años de ausencia en la Plaza México, por una lesión en la rodilla derecha, regresó triunfal al coso el domingo 29 de junio, en una tarde novilleril un poco trágica por la severa cogida que recibirá Manuel González Montoyita. Logrando, incluso, la mayor entrada registrada hasta ahora en lo que va de esta temporada, porque sí hay algo que sabe reconocer el respetable fiel de La México es el talento, sin importar el género.

29 de junio de 2008

El Paraíso III


Apoyando las rodillas en la arena, con la espalda erguida y el capote sujeto con ambas manos, esperó la salida del astado. En segundos, un cardeno se precipitó hacia las ondas de tela apenas despegada del hombre...


Cuarta entrega. Parte III: Leer más

25 de junio de 2008

Grandeza


Foto: Jelsoft Enterprises

No se puede ser un mexicano inteligente sino se sabe amar y admirar lo grande de España, pero menos se puede ser amante o admirador inteligente si se ama con las rodillas y no con la cabeza y el corazón.

Leonardo Páez

24 de junio de 2008

¿Ángeles o demonios?


Con arrabalescos escenarios transcritos de sus realidades, Charles Bukowski se dedicó a exorcizar sus demonios, dándoles el carácter de sórdidas divinidades cuya mayor belleza y cualidades radicaban en la propia decadencia.

Así, en uno de los mejores filmes basados en su obra, y por ende en su vida, llamado Storie di ordinaria follia (Marco Ferreri, 1981) encontramos uno de los pasajes más hermosos sobre la pérdida que bien podría resumir la existencia de muchos ángeles, que envueltos en un estuche humano, sucumben a la fuerza gravitatoria de la tierra…

“Cuando el fondo se derrumba, el viaje es terrible. Toda mi vida había desafiado la muerte del alma de todo el mundo: los idiotas, los amigos, los compañeros, los falsos. Siempre he tenido la boca grande, pero me gusta pensar que mis palabras son hermosas. Ahora no había palabras, solo un vacío. Estaba cegado por las ascuas de la memoria y un millón de pensamientos sobre la chica más hermosa de la ciudad. Se había ido. Cass, esa puta, ese ángel que voló demasiado cerca del suelo y se estrelló.”

Mas es en una breve tentación por la fiesta y los excesos que en todas sus versiones se encuentran, que Charles Bukowski con más admiración que desprecio, sin exentar la mofa por torpeza, se dio permiso de inmiscuirse en el mundo taurómaco, dejando pequeños guiños en algunas de sus obras.

De tal suerte que entre Lo mejor y lo peor, se encontró que:


Los hospitales y las cárceles es lo peor
los manicomios es lo peor
los recitales de poesía, los conciertos de rock a beneficio de minusválidos es lo peor
las bodas, la medianoche, los funerales es lo peor
caer del cielo, los pelotones de ejecución eso es lo mejor
las bombitas en cajas, un viejo perro escarbando bolsas de basura,
ver al toro coger al torero eso es lo mejor
pulverizar cucarachas, grietas en la acera, mis manos muertas,
mi corazón muerto, silencio, adagio de rocas,
el mundo en llamas, eso es lo mejor para mi.

Pero es en La cara del sol que halló la grandeza de los astados y reprochó el espectáculo…


Los toros son majestuosos como la cara del sol
y a pesar de que los matan para complacer a la chusma,
es él quien enciende el fuego,
y a pesar de que hay toros cobardes como
hay matadores cobardes y hombres cobardes,
generalmente el toro conserva su dignidad
y muere con dignidad
sin ser ensuciado por símbolos, pandillas
o falsos amores,
y cuando lo arrastran por el ruedo
nada ha muerto
sólo ocurrió algo
y el hedor fugaz
que se siente
es el del mundo.

Adorando la ambivalencia de la vida y la muerte, con esa nostalgia que duele y endulza corazones en El cura y el matador


En el apacible aire mexicano vi morir al toro
le cortaron las orejas, y su grandiosa cabeza
no mostraba más miedo que una piedra
de regreso al día siguiente
paramos en una Misión
y vimos el rojo dorado y azul de las flores ondeando
como tigres en el viento
poniéndolo en métrica: el toro, y la fortaleza de Cristo:
el matador de rodillas; el toro muerto es su bebé;
y el cura mirando desde la ventana
como un oso enjaulado
podrías razonar en la plaza y jalar de tus
dudas con una cuerda de seda:
sólo te diré esto
he estado en ambos templos,
creyéndolo todo y nada
tal vez, ahora, ellos
morirán en el mío.


Y, sin embargo, Charles Bukowski, este hombre que confesó en una de sus últimas entrevistas, en 1988, a People: “Necesito beber para escribir, escribir para beber”, también reconoció en Mujeres (Ed. Anagrama), a través de Chinaski, que “las lecturas a veces te proporcionan un buen culo. Las estrellas de rock conseguían culos; los buenos boxeadores conseguían culos; los grandes toreros conseguían vírgenes. De alguna manera, sólo los toreros se lo merecían de verdad”.

19 de junio de 2008

Vida y muerte


"Dicen que entrar a matar es la suerte suprema porque es el momento en el que el torero le pierde la cara al toro. La suerte suprema para una mujer es parir porque es cuando le da cara a la vida"
.
-Lucía Dominguín

Dos razas, dos raíces


Nuestro pueblo es el resultado de la mezcla de dos razas: “la más inclemente de Europa y la más sanguinaria de América”. Es ocioso pretender desterrar un rito de sangre que nos llega por dos vertientes. Mejor sublimarlo en intentos de arte taurómaco.

-Raúl Anguiano

10 de junio de 2008

La mudanza


Con una de Presidencia, otra de Realeza y un recuerdo, mudamos la columna semanal Desde los tendidos a este espacio. Así que comencemos…

Es bien sabido que Felipe Calderón, presidente de México, es un empedernido taurómaco. Más de una vez se le vio en la Plaza México con todo y familia.

Casi siempre en barrera de sol, el ex secretario de Energía se desvivió entre olés con el respetable, y sabemos que, aún ahora, de vez en vez se da permiso de ver lidias por televisión y felicitar toreros. Alguna vez lo hizo con El Pana. Así que imaginen lo feliz que debe de estar por entregar la Medalla Presidencial al Mérito Ganadero a Fernando Pérez Salazar, propietario de la ganadería Arroyo Zarco, por “las destacadas labores en conservación y mejoramiento del ganado bravo mexicano”, el próximo 25 de junio, en la norteña ciudad de Chihuahua. Luego de que el ganadero recibiera recientemente la Divisa de Plata como ganadería triunfadora de la Feria Taurina de San Sebastián, en León.

Y con todo y polémicas antitaurinas y reproches al rey Juan Carlos y la infanta Elena, por su afición y apoyo a las lides, que no sólo es de palabra sino que refuerzan con la asistencia a los cosos, en Madrid, España, no caben de felicidad por el extraordinario retorno a Las Ventas de José Tomás, quien nada menos corto cuatro apéndices luego de una maravillosa y artística actuación, que dejó embelesados y sorprendidos a muchos que no toman partido ni a favor ni en contra de las corridas de toros. Tras esta actuación es muy probable que el desnudo de Alaska, en protesta de las lidias, no tenga mayor consecuencia.

Queridísimos José Manuel Dip y Miguel Luna Parra, rescatando esas muchas historias que no se imprimieron, he aquí un recorte: “Músico de ritmo sabroso, El Caudillo del Son cuenta en Proceso que hurgando en los archivos de la antigua Orfeón (hoy Radio Fórmula) encontró un conjunto de partituras de Agustín Lara, inéditas. Y aunque resulta muy difícil que se haya abstenido de grabar alguna de sus canciones. Se sabe que una de ellas es un pasodoble dedicado a Domingo Ortega.”

8 de junio de 2008

La sangre derramada


Es en el ámbito taurino que se da una de esas “caprichosas” y trágicas coincidencias de la historia toreril mexicano española.

El matador Ignacio Sánchez Mejías, luego de un prolongado retiro de las lides, decide “calzarse” nuevamente de luces en 1934 y el 11 de agosto parte plaza en el coso de Manzanares, en sustitución de Domingo Ortega —quien sufriera un accidente automovilístico—.

La tarde pintaba para ser excelsa en aquel coso español. Alternaba con Alfredo Corrochano y el rejoneador luso Simao da Veiga, además de Fermín Espinosa Armillita.

Pero, es cuando Sánchez Mejías se enfrenta a Granadino, un ejemplar de Anaya, que sufre una cornada de muerte y entra al quite el maestro Armillita, para darle fin al astado.

El luto afecta de igual manera a los amantes de los toros que a los de las letras —fue amigo de Rafael Alberti, Antonio Marichalar, José María de Cossío, entre otros importantes intelectuales y escritores—, cuando se sabe que el diestro fenecía apenas dos días después de la corrida.

Siendo quizás el arte de García Lorca el que le brindaría el más grande homenaje con Llanto por Sánchez Mejías, 1935, un breve libro donde yacen los versos de La cogida y la muerte, La sangre derramada, Cuerpo presente y Alma ausente.


La sangre derramada

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras

¡Que no quiero verla!

Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.

No.

¡Qué no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.

Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.

Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.

Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.

¡No me digáis que la vea!

No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.

¡Quién me grita que me asome!

¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.

Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla.

No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.

Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.

Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.

¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.

Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.

Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.

¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!

No

¡Qué no quiero verla!

Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.

No

¡¡Yo no quiero verla!!

5 de junio de 2008

El verdadero valor


El verdadero valor, la verdadera importancia del riesgo en el toreo, no estriba tanto en la entereza de ánimo que se necesita para afrontarlo, cuanto en la exigencia de exactitud, de precisión que establece para el artista; un paso adelante y puede morir el hombre; un paso atrás, y puede morir el arte. El toreo se hace sobre una línea invisible, pero implacable. Destruir esa línea, escamotearla, es, por tanto, negar la esencia misma del toreo...

José Alameda

4 de junio de 2008

Danza clásica y toreo


Por José Fuentes Mares
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"En ninguna actividad, como la danza clásica y el toreo, coinciden los más elevados valores plásticos. Estricta convergencia del ballet y la gran faena torera, conjunción del valor supremo de lo visual en el arte. Entre la danza de la rosa de La bella durmiente, y seis naturales rematados con el forzado de pecho, no sabría con qué quedarme. Seguramente nuestra pasión por la danza se explique por haber llegado a ella mediante las corridas de toros, abonando de paso la posibilidad de que los rusos lleguen a las corridas de toros por el camino de la danza. En el ballet, como en el toreo, el movimiento tiene un valor, mas la sublimación se produce al momento de quedarse quieto el escenario; al consumarse la obra de arte con su olor de arcilla fresca, arte creado instantáneamente. En el toreo, el temple implica la reducción dinámica del movimiento real al movimiento estético, que es en alguna medida negación del tiempo. Por ello suele hablarse de verónicas y pases naturales 'tan templados' que 'parece que no terminan nunca', o de medias verónicas 'que están allí todavía', no obstante llevar sus autores varios años bajo tierra. En rigor se trata de conceptos de marginación temporal tan obvia como los más brillantes momentos del Lago de los cisnes, cuya dimensión estética se goza con mayor profundidad aislándonos del tiempo. '¡El tiempo ha muerto!' parece gritar la gente. Pero el tiempo dormía al despertarlo los gritos. Terminado el vocerío, los aplausos, se desintegra la unidad plástica. Las mulillas arrastran el cadáver del toro mientras los aficionados fuman puros en los tendidos. Las bailarinas se marchan mientras el torero da la vuelta al ruedo, devolviendo prendas. Alguna gringa le arroja su pantaleta, que el hombre besa con unción. El milagro de la belleza-eternidad ha caído hecho pedazos."

Intravagario. Ed. Grijalbo, 1986

2 de junio de 2008

Afrentas y supersticiones


Es casi un hecho que taurinos y antitaurinos recuerdan, en su versión novelada o cinematográfica, a la Santa, de Federico Gamboa, aquella mujer de la vida galante que se enamora de El Jaramillo, un toreo que la adopta como su querida a cambio de fidelidad.

Al principio todo marcha de maravilla, sin embargo, durante las lides ella tiene prohibido pisar el coso donde su amado se presenta, porque de hacerlo pone en riesgo la tarde, e incluso, la vida del torero, “lo sala”, así que no tiene más remedio que quedarse en casa.

Mas, es entonces que el aburrimiento la abate y cede a la tentación de entretenerse con un amante, y he aquí que llega la tragedia. El Jaramillo regresa antes de lo planeado y sorprende a su Santa en otros brazos. Viene entonces la ruptura y el castigo.

¿Habrían sido diferentes las cosas de haber podido Santa asistir a los ruedos? Quizás. Lo cierto es que hasta hace muy poco las mujeres de los toreros tenían prohibido pisar las plazas en que ellos se presentaban —como en sus inicios ocurría con las embarcaciones, pues la sola presencia de una mujer confería un mal augurio a la nave y su tripulación—, ya que era seguro que el diestro sufriera un percance.

Y si bien ahora existe una mayor tolerancia a la presencia femenina, que incluso en más de una lidia hasta ha servido a un matador de inspiración, aún quedan ciertos temores o supersticiones sobre lo que implica la cercanía de una mujer.

Platicando con Álvaro Contreras, un colega, me contó como, un día, su esposa Flor le arruinó una tarde de toros a Julián López El Juli. Le echó la sal.
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“Hace poco más de ochos años, cuando El Juli era novillero fui a verlo a Aguascalientes, para tomarle unas fotos. Mi esposa me acompañaba. Llegamos al hotel donde se hospedaba y tras atropelladas búsquedas, su representante nos dijo dónde encontrarlo. Como ya habían comenzado a vestirlo, empecé a tomar las imágenes. Mi esposa sólo observaba. En eso llega el papá de El Juli y emite un terrible grito, preguntando qué hacía una mujer en el cuarto. Eso era muy malo, un desastre."
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Y créanlo o no, la tarde resultó desastrosa. El Juli fue revolcado, sin consecuencias por fortuna, por un astado…

30 de mayo de 2008

De los orígenes


Por Leo Mendoza

Y cuando Zeus se presentó ante Pasífae con toda la majestad de sus atributos olímpicos, ella, como Leda, lo rechazó. Sus ojos, su mirada, su cuerpo, su piel y su memoria aún recordaban a aquel gran toro blanco, el toro de Minos, padre del Minotauro, y de las caricias y los juegos a los que fue sometida cuando, con la ayuda de Dédalo, sedujo a la bestia bajo una piel de ternera. Dicen que así nació el toreo: con la lascivia y la pasión de la mujer y el odio de un Dios en las entrañas.


Malasombra, Pepe (compilador). La puerta de los sustos. Panorámica del cuento taurino contemporáneo. Ed. Ficticia. México, 2003

Postales


No cabe duda que las influencias del arte tauromaco llegan a todos lados. He aquí una postal publicitaria de las librerías mexicanas Gandhi, en promoción a la lectura...

29 de mayo de 2008

Esas cosas que pasan


Una cría de gorrión reposa en una montera durante una lidia en la plaza de Las Ventas de Madrid en esta casi extinta temporada...
Foto de la Agencia de Noticias EFE

La invitación


Pobre toro. Le dijeron que lo iban a llevar a una fiesta y él se vistió de etiqueta, consiguió una botella de vino tinto y un ramo de rosas para la anfitriona... una tal Lidia.

Luis Bernardo Pérez, Fin de fiesta y otras celebraciones (Ficticia/ Conaculta, 2008)

24 de mayo de 2008

La muerte chiquita


Conocida también como orgasmo, la muerte chiquita es amiguísima del toreo.
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De sus preámbulos amorosos, efímeros encuentros o amores eternos se han desprendido infinidad de historias. Los principales protagonistas: los toreros y sus majas.
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Como amantes perfectos, unas veces oníricos y otras muy reales, los matadores han seducido a las mujeres más bellas y talentosas de diversas artes u oficios, robándose en el camino cientos de corazones más, que con un poquito de suerte logran arrancarle al torero algo más que un beso o una taleguilla, para guardarlo como su más indiscreto y paradójicamente íntimo secreto.
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Mas este divino placer no sólo es exclusivo del encuentro con el “héroe” y sin el toro, sino con la corrida misma, cuando se da esa suerte de arte en la que el torero se enfrenta al astado, creando inolvidables estampas cuyo embelesamiento llega hasta los tendidos, en los cuales si uno está atento y se es honesto con el propio cuerpo, se puede aprender a sentir, porque “cuando la temible bestia pasa una y otra vez por la capa sin largas pausas y sin fin, a un dedo de la línea del cuerpo del torero, se experimenta el sentimiento de proyección total y repetida, característica del juego físico del amor. Se siente allí mismo la proximidad de la muerte. Esas series de pases acertados son escasas y desencadenan en la muchedumbre un verdadero delirio; en esos momentos patéticos, gozan las mujeres, tanto se tensan los músculos de las piernas y del bajo vientre…” dice el anónimo narrador de la Historia del ojo, de Georges Bataille, que sin ser una novela taurina, hace uno de los mejores retratos de una lidia en Madrid y del placer que es capaz de despertar en la joven y bella Simone.
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Y si no lo han sentido o no están seguros, convendría recordar su mejor corrida o darse permiso de asistir a una.

23 de mayo de 2008

Por puritito orgullo


.... .... ... .... ... ... .... ... .. Para José Manuel Dip y Arturo Reyes,
... .. ... ... .... .... .... .... por su disposición a compartir historias


Tan cerca estamos del Bicentenario de la Independencia de México, que no está de más zambullirse en uno de esos recortes en pro de nuestro orgullo (bastante zarandeado a veces, pero al fin y al cabo nuestro).

Como aquel que narra Alejandro Rosas en el Relicario mexicano. Episodios inéditos de la historia nacional (Planeta, 2001), en el que un toro fue nuestro representante en una cruenta lucha cuerpo a cuerpo. ¡Qué tal!

Apenas concluyó la guerra de Independencia, a alguien se le ocurrió enfrentar a un bicho mexicano con un tigre africano; por supuesto, sobre el astado recayó una “grave responsabilidad: la honra nacional”.

El coso de San Pablo estaba a reventar, pues hay nomás había reunido a 10 mil espectadores.

Si ya de por si resultaba complicada la lucha para el toro, para darle emoción, al tigre se le mantuvo encerradito en una jaula y en ayuno en medio de la plaza, para ser liberado en cuanto el toro salió al ruedo.

“El tigre, dando un tremendo rugido, saltó sobre el lomo del astado haciéndolo sangrar a mares. La multitud enardecida gritaba exigiendo al moribundo animal que sacara a relucir su casta.” Y ¡ay! de nosotros y de nuestra honra, que de no ser porque “el toro ―según cuenta Guillermo Prieto en Memorias de mis tiempos, Porrúa 1985― parece que comprendió y con un esfuerzo inexplicable, súbito y acaso pudiera decirse sublime, desencajó al tigre de su lomo, lo derribó y hundió una y diez mil veces sus aceradas astas en el vientre del tigre, regando sus entrañas por el suelo”. Ambos animales quedaron tendidos en la arena y, por supuesto, el público consagró al toro como triunfador.

Y, a propósito de esas cosas que pasan en los cosos cuando llegan las lluvias junto con las novilladas. Chicas, tengan cuidado de con quién se acompañan, no vaya a ser que alguien rememorando una estadía de María Félix y El Flaco de Oro en barrera ―“ella soberbiamente vestida de blanco y él con un muy bien cortado traje negro”―, emule esa tarde de toros en la que empezó a llover y el respetable comenzó a gritarle a La Doña: “¡Maríaaa, Maríaaa! ¡Abre tu paraguas negro!”

22 de mayo de 2008

Acuérdate de Acapulco


La María bonita, la María del alma de Agustín Lara, además de ser la diva que inspiró al músico a tejer una de las historias musicales, artísticas y románticas más productivas e importantes de México ―con sus tintes de trágicos e intensos apasionamientos―, sin duda, también marcó parte del anecdotario de las lides, ya que como fiel taurina se dejaba ver y venerar desde la barrera, con puro en mano y una soberbia belleza.

Y justo ahora que el diseñador venezolano Nicolás Felizola montó una exposición dedicada a la actriz, titulada María Bonita, icono de la moda, en Miami, Florida ―del 15 de mayo al 6 de junio, para después recorrer México, América Latina y Europa―, es que de entre los recuerdos sobresale Acapulco, el pequeño gran paraíso de la pareja en su luna de miel.

“Ahí me compuso María bonita, la canción que ahora me tocan en todas partes del mundo cuando llego a un restaurante o a un centro nocturno", y que en su primer aniversario de bodas “me la llevó de serenata con Pedro Vargas”, según contará la propia Doña en María Félix, todas mis guerras (Clío).

Mas, es también en Acapulco que yace la plaza de toros Caletilla, inaugurada el 21 de mayo de 1955 con un encierro de Pastejé, que lidió Juan Silveti, Jorge Aguilar El Ranchero y Curro Ortega, y en la que luego de ocho años de no celebrarse corrida alguna, retornaron sus festejos este 2008 con la promesa de continuar con su tradición luego de que recientemente terminara su temporada novilleril.

Y si se creía que en este puerto, los toreros nada más son venerados desde los tendidos, les cuento que descubrí ―por desgracia de pasadita― un restaurante que hace homenaje a El Fandi (David Fandila), torero quien por cierto acaba de recibir en el hotel Santa Paula de Granada el premio AURA, organizado por la revista Restauradores con motivo de su especial España Gastronómica 2008, en la que se dan cita los mejores restauradores del país ibérico. El premio, de carácter anual, se concede a esos personajes, empresas, entidades o asociaciones que han destacado “por un desempeño honorable y eficiente de su labor”.

20 de mayo de 2008

Esa extraña señora…


Y vaya que es una extraña señora la Muerte, sus caprichosas formas de hacerse de los vivos, sorprende con las más burdas o exquisitas manifestaciones.

Un día Guy de Maupassant se convenció de ser inmune, de ser inmortal. “Acabo de pegarme un tiro en la cabeza y sigo incólume. ¿No lo crees? ¡Pues mira!,” dijo a su fiel Tassart mientras se disparaba en la sien, sin morir.

“¡Ya nada puede hacerme daño! Podría cortarme la garganta pero la sangre no manaría”, continúo el escritor. Y aunque ésta sí brotó, tampoco le costó la vida, de hecho, pasaría poco más de un año para que feneciera como consecuencia del deterioro físico que le ocasionara la sífilis.

El 30 de marzo de 1958, Escultor, un astado de Zacatepec, parecía terminar con la vida del diestro Antonio Velázquez.

“El pitón del burel entró en la barba, le atravesó la lengua, le fracturó las mandíbulas, y otros destrozos en la cavidad bucal. La hemorragia no le dejaba respirar, menos estando acostado. Con entereza se sentó para que los médicos actuaran. El pitón quedó a escaso centímetro de la pared del cerebro", cuenta el periodista Guillermo Salas Alonso.

“Todos pensamos ―pero nadie lo dice― que el maestro iba herido de muerte. Pero Antonio no se rinde: lucha, se repone y vuelve ¡triunfador! a los ruedos”, recuerda el taurino José Manuel Dip, quien presenciara esa tarde en el Toreo de Cuatro Caminos, “una de las más terribles cornadas que se pueda imaginar”.

Sin embargo, el destino no tenía previsto que Antonio Velázquez muriera en los ruedos, y esa extraña señora llamada Muerte, decidió llevárselo en 1969 “en un accidente absurdo. Cae de la azotea de su casa mientras enseña a unos amigos las modificaciones que hace al inmueble”.

Tal parecía que sólo había tenido un tiempo extra por una distracción u olvido de la Muerte, pero —parafraseando a Fito Páez, en Flores en su entierro―, una vez que se dio cuenta de su falta, y dado que la Muerte, es celosa y es mujer, ésta se encaprichó con él y se lo llevó a dormir con ella, sin esperar a que se vistiera de luces otra vez.

19 de mayo de 2008

El juego del ocio


Compañero o enemigo de la creación según se le aproveche, el ocio es básico para atraer a las musas, aunque también a los demonios particulares con todo y sus horrores.

En el mejor de los casos y bien empleado sirve a las artes, pues en ellas las obsesiones — cualesquiera que éstas sean — se transforman en el pretexto para inventar o imaginar cosas. En ese espacio de tiempo todo es posible.

En una tarde de ocio y estando en Royan, ciudadela de Gironda, Picasso se propuso exorcizar algunos de sus deseos y obsesiones —entre ellas las lides— recurriendo a una escritura automática, ésa que no requiere correcciones y que apunta todo sin mayor reflexión.

Entre juegos de ideas y chuscas palabras, Pablo Picasso formó un collage de trivialidades cotidianas y absurdos, hasta dar forma a una puesta en escena: El deseo atrapado por la cola —que no se quedaría guardado como uno de esos exóticos picassos, que alcanzarían un extraordinario valor hasta ser descubiertos en alguna remodelación de un recinto bancario, como aquel grafito que un día el pintor dejó como recuerdo en una sucursal mientras esperaba ser atendido. El lugar lo estaban arreglando. Así que el artista malagueño se entretuvo pintando en un muro. Se concluyeron los trabajos y el grabado desapareció. Pasarían algunos años y vendrían otras remodelaciones y con ellas el descubrimiento del grafito. El director sabedor de arte y constatando que se trataba de un picasso, quitó el grabado, con toda y la pared, y se lo llevó a su casa―.

En el caso de El deseo atrapado por la cola, éste sería montado con la crema y nata del arte y la intelectualidad francesa, entre ellos Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, en el París de 1941, en el piso de Picasso.

Y éste es un párrafo que de cuatro días de ocio se desprendieron:

“Tienes la pierna bien hecha y el ombligo bien formado, la cintura fina y los senos perfectos, la curva de las cejas enloquecedora, y tu boca es un nido de flores, tus caderas un sofá y el asiento de tu vientre una barrera para las corridas de toros de la plaza de Nimes, tus nalgas un plato de judías blancas y tus brazos una sopa de aletas de tiburón. ¡Amor mío, pichón mío, leona mía, me enloqueces!”

18 de mayo de 2008

Cine Mundial


“Qué pena, está triste la princesa porque su radio ya no suena. ¿Cuál es la pila con más potencia y más resistencia?, que conteste la ciencia. RAY-O-VAC excelencia. Cuando pida la pila, pídala con sello de garantía. RAY-O-VAC es la pila…”

Un recuerdo de principios de los años 70 del siglo XX, que un día terminó (junto con otros comerciales) con los noticiarios cinematográficos, para dar el salto a la televisión.

Tras casi dos décadas de anteceder a los filmes, los noticiarios sucumbieron. La tv se convirtió en “la onda”. En los 50 comenzó todo, llegando a sumar poco más de 50 formatos informativos, pero quien tendría la historia más longeva sería Cine Mundial (con 18 años al aire y más de mil números producidos).

En 10 minutos el público se informaba de todo, los quehaceres nacional e internacional, deportes, cine y hasta de toros, estos últimos en la voz de Pepe Alameda, quien no sólo abarcó la crónica taurina, sino también entrevistas y reportajes con toreros y taurinos, así como artistas relacionados con el mundo taurómaco, como aquel que filmó un 6 de diciembre de 1956 dedicado a los Torerillos, esos jovencitos en busca de las glorias del toreo, que practicaban bajo el puente Nonoalco, “un ruedo humilde de la barriada, donde no hay más público que el sol”, o en Chapultepec, o en los Viveros, de Coyoacán.

Lo interesante es saber que estos documentos no sólo son parte de las nostalgias o buena memoria, sino de una colección de materiales en dvd que desde unos años, la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo la investigación y compilación del maestro José Francisco Coello Ugalde, ha puesto en circulación bajo el título Tesoros Taurinos de la Filmoteca de la UNAM.

17 de mayo de 2008

El duende


Si de subjetividades se trata, no hay nada como el duende.

La primera vez que escuché el término, haciendo referencia al toreo, no entendí de qué se trataba y sólo atiné a imaginarme enanitos verdes, sin saber cómo estos se relacionaban con las lides.

Mas fue en mi despreció como término de encanto misterioso e inefable en el flamenco, que comencé a curiosear entre taurinos, que entre más confusiones me llevarían finalmente a Federico García Lorca que, allá por 1933, brindó una serie de conferencias sobre la Teoría y juego del duende, a propósito de dar “una sencilla lección sobre el espíritu oculto de la dolorida España”.

Y ha sido uno de los recorridos “virtuales”, por las artes, de lo más sabroso, porque entre intuiciones y definiciones de diferentes virtuosos, no existe algo que lo exprese exactamente con palabras, aunque sí lo más aproximado, que pertenece a Goethe, quien dijo que el duende es ese “poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica”, y que Lorca resumiría como “un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.”

Mas justo es aclarar, que este duende no debe ser confundido con la musas, porque éste no es inspiración ni origen de la creación como ellas, sino del desarrollo o ejecución misma.
Además, señala García Lorca, el duende no se repite y “en los toros adquiere sus acentos más impresionantes, porque tiene que luchar, por un lado, con la muerte, que puede destruirlo, y por otro lado, con la geometría, con la medida, base fundamental de la fiesta. Se puede tener musa con la muleta y ángel con las banderillas y pasar por buen torero, pero en la faena de capa, con el toro limpio todavía de heridas, y en el momento de matar, se necesita la ayuda del duende para dar en el clavo de la verdad artística,” de tal suerte que “el torero mordido por el duende da una lección de música pitagórica y hace olvidar que tira constantemente el corazón sobre los cuernos.”

Así pues ¿dónde está el duende?...

En la ejecución misma de la acción, rayando en el límite de la destrucción de sí mismo, e ignorando por completo a las musas.

16 de mayo de 2008

El hombre que llegó a la luna


Brevísimo “torero”, Charles Conrad primero llegó al espacio y luego al ruedo.

Invitado por Luis Miguel Dominguín a lidiar una vaquilla, el astronauta no pudo negarse a probar suerte una tarde, en la que recordó por qué lo suyo, lo suyo era “volar entre las estrellas” y no arrojado por unos pitones. Aunque si le hizo una propuesta al diestro español: “Si usted me enseñara a torear yo podría enseñarle a volar allá (en el espacio)”.

Nacido en Filadelfia en 1930, Conrad fue de los primeros astronautas en participar de un vuelo récord de ocho días en el espacio, además de ser también el tercer hombre en realizar un alunizaje, dejando grabada la frase: “éste pudo haber sido un pequeño paso para Neil (Armstrong), ¡pero ha sido uno grande para mi!”

Y como un pequeño homenaje a Arthur C. Clarke: “La próxima vez que vean ustedes brillar alta la luna llena en el sur; examinen atentamente el borde derecho y dejen resbalar la mirada a lo largo de la curva del disco. Allá donde serían las dos si nuestro satélite fuera un reloj, observarán un minúsculo óvalo oscuro: cualquiera que posea una vista normal puede descubrirlo. Es una gran llanura rodeada de montañas, una de las más hermosas de la Luna, conocida con el nombre de Mare Crisium: el Mar de las Crisis.” Del relato El centinela.

15 de mayo de 2008

¿Y Manolete?


Si la bruja de Blair existiera ¿cuál sería su maldición fílmica?

Seguramente, que aquella cinta que intentara seguir los pasos mercantiles The Blair Witch Project antes de su estreno, creando toda una atmósfera de expectativa taquillera, fuera condenada a permanecer en la oscuridad, enlatada.

Y todo parece apuntar a que eso sucederá con Manolete, de Andrés Vicente Gómez y su productora Lola Films —que hiciera célebres Jamón, jamón, de Bigas Luna; El día de la bestia, de Alex de la Iglesia; y Belle Epoque, de Fernando Trueba, allá por los 90—, pues tras ser anunciada su realización, a los cuatro vientos con bombo y platillo, hace ya casi dos años, nada de nada que se estrena, y lo peor, que ni siquiera se termina.

Cortos del rodaje iban y venían, aprovechando la fama de los protagónicos: Adrien Brody ―quien por cierto recibiera un Oscar en 2003, por su interpretación del pianista polaco Wladyslaw Szpilman, en The pianist de Roman Polanski―, como Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, y Penélope Cruz, como Lupe Sino, el último gran amor del torero español.

Se recordó hasta el cansancio, en diferentes medios en México y España, ese 28 de agosto en que, compartiendo cartel con Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín, Islero, un toro de Miura, condenaría a morir a Manolete en Linares.

Aquí, por ejemplo, los que llegaron a verlo —y hasta los que no—, no se cansaron de recordar su participación en la corrida inaugural de la Plaza de Toros México, el 5 de febrero de 1946, y en la que cortó una oreja a Fresnillo, un toro de San Mateo.

En fin, que la primera promesa de estreno del filme fue la primavera de 2007, luego vendría el primer retraso, prolongado a noviembre del mismo año. La justificación: problemas técnicos y de efectos especiales, pues varios de los bureles tenía que ser digitalizados, ya que existía renuencia de los actores principales al “maltrato” de los astados.

Sin embargo, llegó el invierno y una nueva fecha: la primavera de 2008 y aquí estamos sin saber nada, salvo que la cinta sigue en el proceso de post producción, y que es más que un hecho que su productor Andrés Vicente Gómez no tiene dinero para acabarla, así que quizás Manolete se quede enlatada.

14 de mayo de 2008

El toro que ganó un Oscar


.... ..... ... .... .... ... ... ... .... .. ... ... ... ....... Para Paco Peña

Si se hablara de un boom cinematográfico taurino, las primeras cinco décadas del siglo XX serían claves. ¡Imagínense!, hasta un toro obtendría un Oscar.
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El interés que despertaran filmes españoles como Sangre y arena, de Ricardo de Baños y Vicente Blasco Ibáñez (1917), y Currito de la Cruz, de Pérez Lugín (1926), inspiraría a diversos cineastas a querer participar de esa materia, en la que México ya comenzaba a incursionar con la adaptación de Luis Peredo, en 1918, de la Santa de Federico Gamboa, que sin ser una novela taurina toca el tema.
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Luego vendrían más filmes con locaciones en ambos lados del Atlántico, así el ruso Sergei M. Eisenstein cede a la tentación, de darle un espacio a las lides, en la inconclusa cinta ¡Qué viva México!, (1932). Mientras el estadunidense Norman Foster, hace lo propio con La hora de la verdad.
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La realización de cintas no se detiene y menos la participación de coletas como actores. Hasta el diestro Lorenzo Garza ―tras Un domingo en la tarde, de Rafael Portas (1938)―, iría más allá de ser sólo un histrión, para debutar como escritor de la cinta Toros, amor y gloria, que filmaría Raúl de Anda.
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Y si ya los toreros eran protagónicos, qué tal la participación y exitoso debut de Ferdinando, un simpático y pacífico burel que llevaría a su casa productora, Walt Disney, a obtener un Oscar en 1939, por el corto animado Ferdinand, the bull.
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Un divertido cuento infantil ambientado en la más pura expresión de la España taurina, con un toro que nada quiere saber de las corridas y que por un pinchazo de abeja se ve envuelto en una.
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Sin duda este corto no deja de ser polémico, sobre todo entre los más ortodoxos taurinos, pero no se debe olvidar que la historia nació ante una inminente Guerra Civil española, que vista por Disney se volvió un grito pacifista que nunca atentó o crítico realmente a la fiesta brava.
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Y si quisieran conocer o recordar a Ferdinando, ese toro que gusta de oler flores mientras se guarda bajo sombra de su alcornoque favorito, bien podrían darse una vuelta a: http://www.youtube.com/watch?v=K6Pp9-_Au80&feature=related o, si tuviesen algún problema con el link, entrar a YouTube.com y logear: Ferdinando, el toro.

13 de mayo de 2008

La ironía de la suerte


¿La muerte redime? No, pero si da ese momento de dignidad temporal hasta a los personajes más grotescos. Y por irónico que parezca la patética muerte de Pajarito, por descabello y remate en los tendidos, sin lidia, se convirtió en una suerte envidiable de perpetuidad. Su nombre ha quedado grabado en la memoria de taurinos y antitaurinos. Su “vuelo” lo convirtió en figura.

Qué tan grande sería, y será, su buena estrella, que este astado de Cuatro Caminos, se ha convertido en un personaje de ficción y título de Sin sangre Pajarito. Novela no apta para taurinos que va que “vuela” a convertirse en ese fenómeno editorial llamado best seller, con sus debidas proporciones dada su temática y su casi nula difusión e interés comercial, los cuales está revirtiendo, pues Gandhi y El Sótano, sin contar a las pequeñas librerías especializadas, han comenzado a hacerse de algunos ejemplares para su venta, por lo que es más fácil hallar este título, en estas grandes cadenas, que los clásicos: Más cornadas da el hambre, de Luis Spota, Historia verdadera de la evolución del toreo, de Pepe Alameda, o Muerte en la tarde, de Ernest Hemingway, por citar algunos ejemplos de grandes plumas, y ya no digamos los nuevos escritores: La puerta de los sustos. Panorámica del cuento taurino contemporáneo, del compilador Pepe Malasombra, o Tauromaquia mexicana, del periodista Heriberto Murrieta.

Tan oportuna ha sido la figura de Pajarito y la propuesta de lides incruentas, que el velo de su suerte lo extendió a Carlos Hernández González, autor del libro, quien recientemente confesara en una entrevista que va por una segunda tirada del material.

Extraños son estos fenómenos editoriales, que a veces dejan fuera o hacen imperceptibles títulos, sean o no taurinos, donde el miedo es contagioso, el salado sabor del sudor llena una boca o la devoción por una fémina llamada Macorina, endiosa a todas las mujeres hasta convertirla(s) en el mito más humano y perfecto, que sólo se conocen cuando un par de buenos amigos (gracias Ernesto Herrera y Jesús Alejo) le presentan a uno, unas Parábolas del silencio, de Eduardo Antonio Parra, publicado por Era.

12 de mayo de 2008

Adiós al mal de montera


Llegó el día. César Rincón dijo adiós a los ruedos, en su natal Colombia, con un apoteótico mano a mano con Enrique Ponce (quien también está próximo a dejar ese “mal de montera”, que lo ha hecho grande infinidad de tardes).

Santamaría de Bogotá, fue la sede. Abarrotada y cálida, esta plaza se entregó por completo. No conforme con premiar a los matadores con merecidas orejas, también indultó a dos astados, para luego ver partir, en hombros, a ambos toreros.

Mas, como no existe mejor voz que la de Rincón, he aquí que se reproduce un fragmento de la carta de despedida del maese colombiano, aparecida en mundotoro.com

“Ahora que me voy, feliz de haber sido torero y de ser torero para siempre, quiero dar las gracias a todos quienes me dieron una mano para conseguir lo alcanzado. Gracias a Dios, que me permitió vivir la dicha de mi profesión y me arropó en los momentos difíciles. Gracias a mi padre, porque me enseñó el amor al trabajo. A mi madre, que supo darme una voz de aliento y estimularme cuando todo comenzaba (…) A Juan José, un regalo de Dios, por darme la oportunidad de ser su padre. A Natalia, mi esposa, porque ha tenido el temple para acompañarme durante todos estos años. Gracias a todos cuantos pasaron por mi cuadrilla. Sin ellos no habría alcanzado nada. Fueron definitivos para triunfar. Son mi otra familia (…) Gracias al toro. Al toro bueno y al toro malo, porque entre los dos me dieron todo lo que yo tengo. Fue mi gran amigo y mi gran aliado. Y cuando me pidió el carné no tuve problema en mostrárselo. Y que me enseñó a enamorarme de él, hasta convertirme en criador (su ganadería: Las Ventas del Espíritu Santo, conformó el encierro de su despedida) (…) Gracias a Las Ventas, por ella fui y soy feliz, que es tenerlo todo. Su nombre está grabado en mi corazón, en mi ganadería. Gracias a todas las plazas del mundo. A la de México, que me acogió siempre con cariño, y a las plazas de Francia que me hicieron hijo suyo (…) Gracias a mi país y a la gente que ha estado conmigo todos estos años. Me siento orgulloso de ser colombiano y siempre salí a representarlo con la mayor devoción. Su amigo de siempre, César Rincón”.

11 de mayo de 2008

Viejita pero bonita


......... .......... ......... La arquitectura es siempre sueño y función,
........ ......expresión de una utopía e instrumento de una comodidad
......... ....... ............. .......... .............. ......- Roland Barthes


Dicen los que saben que la historia taurina de México nació el 24 de junio de 1526, con su primer corrida de toros el día de san Juan Bautista, una de las celebraciones más populares de España; para entonces había quedado atrás la gran Tenochtitlan, y el año 3-Casa (1521) era el registro del cumplimiento de un augurio.

Sin embargo, pasarían muchos, pero muchos años para la consolidación de una gran e incluyente fiesta brava, en cuyo inter nacerían, cambiarían, se perderían y construirían infinidad de cosos, como aquel que el obispo y virrey fray García Guerra edificara dentro de Palacio Nacional, entre 1611 y 1612; o el Toreo de la Condesa, que a tan sólo unos meses de la Decena Trágica celebraba una temporada novilleril con 22 festejos; para más tarde ver morir a uno de los más grandes coletas mexicanos: Alberto Balderas, por una cogida de Cobijero.

Y ni que decir, de la Plaza México, que justo acaba de cumplir 62 años y cuya historia coincidentemente quedaría ligada a uno de los archienemigos de las lides: Venustiano Carranza, pues su inauguración se daría el mismo día ―pero 29 años después― de quedar promulgada la Constitución de 1917 (5 de febrero).

Construida por el ingeniero Modesto Rolland, La México formó parte de un proyecto llamado la Ciudad de los Deportes, que inició el empresario yucateco de origen libanés Neguib Simón y otros inversionistas, que incluía además de la plaza otras estructuras.

Para su decoración y mayor significado de arte taurino, fue requerido el trabajo escultórico del valenciano Alfredo Just, quien contó con el apoyo del escultor mexicano Humberto Peraza.

Actualmente la Monumental Plaza México es todo un icono taurino, en cuya ceremonia conviven un trágico ritual con los actos más cotidianos como el comer o el beber, dándose así esa experiencia del desorden, donde las sutilezas caóticas encuentran una identificación, y por unas horas hasta la pertenencia de una unidad.