Apoyando las rodillas en la arena, con la espalda erguida y el capote sujeto con ambas manos, esperó la salida del astado. En segundos, un cardeno se precipitó hacia las ondas de tela apenas despegada del hombre...
29 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario