27 de noviembre de 2008

El otro Picasso


Es más que sabida la afición taurina de Pablo Picasso, misma que trascendería a su plástica y heredaría, como afición, a su primogénito Paul o Paulo, como lo recordara el fotógrafo Gyula Halász, mejor conocido como Brassaï.

Nacido en 1921, de la unión del pintor español con Olga Koklova, Paul Picasso no sólo acompañó a sus padres a las corridas de toros desde los cinco años de edad, sino además, una vez que tuvo bien aprendida la afición —y dado que nunca se separó de su padre, pese a la ruptura matrimonial de éste con su madre—, Paul cultivó sus conocimientos taurómacos y se hizo de ciertas habilidades con la muleta, además de carteles, fotografías y demás objetos de colección.

Así, el pequeño que sirviera de modelo para algunas de las obras más emblemáticas de Pablo Picasso como Paul dibujando París y otros tantos Pierrots, un día organizó con Paquito Muñoz las corridas de Vallauris, mismas que abandonaría al deceso del empresario taurino del Midi y tras la prohibición, en la Costa Azul, de la muerte del toro.

Mas no por ello, Paul Picasso se privó de tomar los trastos en más de una ocasión y enfrentarse a un astado, recordando esa sensación de miedo que a veces llega a los toreros:

En un primer momento “tengo miedo. Pero no todo el tiempo. Cuando el toro te roza, no te da tiempo a tener miedo. Pero cuando desde lejos se lanza sobre ti es un momento espantoso. Aquella cosa negra que aumenta, que aumenta y que tiene cuernos”.

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