2 de junio de 2008

Afrentas y supersticiones


Es casi un hecho que taurinos y antitaurinos recuerdan, en su versión novelada o cinematográfica, a la Santa, de Federico Gamboa, aquella mujer de la vida galante que se enamora de El Jaramillo, un toreo que la adopta como su querida a cambio de fidelidad.

Al principio todo marcha de maravilla, sin embargo, durante las lides ella tiene prohibido pisar el coso donde su amado se presenta, porque de hacerlo pone en riesgo la tarde, e incluso, la vida del torero, “lo sala”, así que no tiene más remedio que quedarse en casa.

Mas, es entonces que el aburrimiento la abate y cede a la tentación de entretenerse con un amante, y he aquí que llega la tragedia. El Jaramillo regresa antes de lo planeado y sorprende a su Santa en otros brazos. Viene entonces la ruptura y el castigo.

¿Habrían sido diferentes las cosas de haber podido Santa asistir a los ruedos? Quizás. Lo cierto es que hasta hace muy poco las mujeres de los toreros tenían prohibido pisar las plazas en que ellos se presentaban —como en sus inicios ocurría con las embarcaciones, pues la sola presencia de una mujer confería un mal augurio a la nave y su tripulación—, ya que era seguro que el diestro sufriera un percance.

Y si bien ahora existe una mayor tolerancia a la presencia femenina, que incluso en más de una lidia hasta ha servido a un matador de inspiración, aún quedan ciertos temores o supersticiones sobre lo que implica la cercanía de una mujer.

Platicando con Álvaro Contreras, un colega, me contó como, un día, su esposa Flor le arruinó una tarde de toros a Julián López El Juli. Le echó la sal.
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“Hace poco más de ochos años, cuando El Juli era novillero fui a verlo a Aguascalientes, para tomarle unas fotos. Mi esposa me acompañaba. Llegamos al hotel donde se hospedaba y tras atropelladas búsquedas, su representante nos dijo dónde encontrarlo. Como ya habían comenzado a vestirlo, empecé a tomar las imágenes. Mi esposa sólo observaba. En eso llega el papá de El Juli y emite un terrible grito, preguntando qué hacía una mujer en el cuarto. Eso era muy malo, un desastre."
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Y créanlo o no, la tarde resultó desastrosa. El Juli fue revolcado, sin consecuencias por fortuna, por un astado…

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