
Con arrabalescos escenarios transcritos de sus realidades, Charles Bukowski se dedicó a exorcizar sus demonios, dándoles el carácter de sórdidas divinidades cuya mayor belleza y cualidades radicaban en la propia decadencia.
Así, en uno de los mejores filmes basados en su obra, y por ende en su vida, llamado Storie di ordinaria follia (Marco Ferreri, 1981) encontramos uno de los pasajes más hermosos sobre la pérdida que bien podría resumir la existencia de muchos ángeles, que envueltos en un estuche humano, sucumben a la fuerza gravitatoria de la tierra…
“Cuando el fondo se derrumba, el viaje es terrible. Toda mi vida había desafiado la muerte del alma de todo el mundo: los idiotas, los amigos, los compañeros, los falsos. Siempre he tenido la boca grande, pero me gusta pensar que mis palabras son hermosas. Ahora no había palabras, solo un vacío. Estaba cegado por las ascuas de la memoria y un millón de pensamientos sobre la chica más hermosa de la ciudad. Se había ido. Cass, esa puta, ese ángel que voló demasiado cerca del suelo y se estrelló.”
Mas es en una breve tentación por la fiesta y los excesos que en todas sus versiones se encuentran, que Charles Bukowski con más admiración que desprecio, sin exentar la mofa por torpeza, se dio permiso de inmiscuirse en el mundo taurómaco, dejando pequeños guiños en algunas de sus obras.
De tal suerte que entre Lo mejor y lo peor, se encontró que:
Los toros son majestuosos como la cara del sol
y a pesar de que los matan para complacer a la chusma,
es él quien enciende el fuego,
y a pesar de que hay toros cobardes como
hay matadores cobardes y hombres cobardes,
generalmente el toro conserva su dignidad
y muere con dignidad
sin ser ensuciado por símbolos, pandillas
o falsos amores,
y cuando lo arrastran por el ruedo
nada ha muerto
sólo ocurrió algo
y el hedor fugaz
que se siente
es el del mundo.
Adorando la ambivalencia de la vida y la muerte, con esa nostalgia que duele y endulza corazones en El cura y el matador…
En el apacible aire mexicano vi morir al toro
le cortaron las orejas, y su grandiosa cabeza
no mostraba más miedo que una piedra
de regreso al día siguiente
paramos en una Misión
y vimos el rojo dorado y azul de las flores ondeando
como tigres en el viento
poniéndolo en métrica: el toro, y la fortaleza de Cristo:
el matador de rodillas; el toro muerto es su bebé;
y el cura mirando desde la ventana
como un oso enjaulado
podrías razonar en la plaza y jalar de tus
dudas con una cuerda de seda:
sólo te diré esto
he estado en ambos templos,
creyéndolo todo y nada
tal vez, ahora, ellos
morirán en el mío.
Y, sin embargo, Charles Bukowski, este hombre que confesó en una de sus últimas entrevistas, en 1988, a People: “Necesito beber para escribir, escribir para beber”, también reconoció en Mujeres (Ed. Anagrama), a través de Chinaski, que “las lecturas a veces te proporcionan un buen culo. Las estrellas de rock conseguían culos; los buenos boxeadores conseguían culos; los grandes toreros conseguían vírgenes. De alguna manera, sólo los toreros se lo merecían de verdad”.
Así, en uno de los mejores filmes basados en su obra, y por ende en su vida, llamado Storie di ordinaria follia (Marco Ferreri, 1981) encontramos uno de los pasajes más hermosos sobre la pérdida que bien podría resumir la existencia de muchos ángeles, que envueltos en un estuche humano, sucumben a la fuerza gravitatoria de la tierra…
“Cuando el fondo se derrumba, el viaje es terrible. Toda mi vida había desafiado la muerte del alma de todo el mundo: los idiotas, los amigos, los compañeros, los falsos. Siempre he tenido la boca grande, pero me gusta pensar que mis palabras son hermosas. Ahora no había palabras, solo un vacío. Estaba cegado por las ascuas de la memoria y un millón de pensamientos sobre la chica más hermosa de la ciudad. Se había ido. Cass, esa puta, ese ángel que voló demasiado cerca del suelo y se estrelló.”
Mas es en una breve tentación por la fiesta y los excesos que en todas sus versiones se encuentran, que Charles Bukowski con más admiración que desprecio, sin exentar la mofa por torpeza, se dio permiso de inmiscuirse en el mundo taurómaco, dejando pequeños guiños en algunas de sus obras.
De tal suerte que entre Lo mejor y lo peor, se encontró que:
Los hospitales y las cárceles es lo peor
los manicomios es lo peor
los recitales de poesía, los conciertos de rock a beneficio de minusválidos es lo peor
las bodas, la medianoche, los funerales es lo peor
caer del cielo, los pelotones de ejecución eso es lo mejor
las bombitas en cajas, un viejo perro escarbando bolsas de basura,
ver al toro coger al torero eso es lo mejor
pulverizar cucarachas, grietas en la acera, mis manos muertas,
mi corazón muerto, silencio, adagio de rocas,
el mundo en llamas, eso es lo mejor para mi.
los manicomios es lo peor
los recitales de poesía, los conciertos de rock a beneficio de minusválidos es lo peor
las bodas, la medianoche, los funerales es lo peor
caer del cielo, los pelotones de ejecución eso es lo mejor
las bombitas en cajas, un viejo perro escarbando bolsas de basura,
ver al toro coger al torero eso es lo mejor
pulverizar cucarachas, grietas en la acera, mis manos muertas,
mi corazón muerto, silencio, adagio de rocas,
el mundo en llamas, eso es lo mejor para mi.
Pero es en La cara del sol que halló la grandeza de los astados y reprochó el espectáculo…
Los toros son majestuosos como la cara del sol
y a pesar de que los matan para complacer a la chusma,
es él quien enciende el fuego,
y a pesar de que hay toros cobardes como
hay matadores cobardes y hombres cobardes,
generalmente el toro conserva su dignidad
y muere con dignidad
sin ser ensuciado por símbolos, pandillas
o falsos amores,
y cuando lo arrastran por el ruedo
nada ha muerto
sólo ocurrió algo
y el hedor fugaz
que se siente
es el del mundo.
Adorando la ambivalencia de la vida y la muerte, con esa nostalgia que duele y endulza corazones en El cura y el matador…
En el apacible aire mexicano vi morir al toro
le cortaron las orejas, y su grandiosa cabeza
no mostraba más miedo que una piedra
de regreso al día siguiente
paramos en una Misión
y vimos el rojo dorado y azul de las flores ondeando
como tigres en el viento
poniéndolo en métrica: el toro, y la fortaleza de Cristo:
el matador de rodillas; el toro muerto es su bebé;
y el cura mirando desde la ventana
como un oso enjaulado
podrías razonar en la plaza y jalar de tus
dudas con una cuerda de seda:
sólo te diré esto
he estado en ambos templos,
creyéndolo todo y nada
tal vez, ahora, ellos
morirán en el mío.
Y, sin embargo, Charles Bukowski, este hombre que confesó en una de sus últimas entrevistas, en 1988, a People: “Necesito beber para escribir, escribir para beber”, también reconoció en Mujeres (Ed. Anagrama), a través de Chinaski, que “las lecturas a veces te proporcionan un buen culo. Las estrellas de rock conseguían culos; los buenos boxeadores conseguían culos; los grandes toreros conseguían vírgenes. De alguna manera, sólo los toreros se lo merecían de verdad”.
1 comentario:
Kada ves Olvido k nos diferencia de Muertos Condenados O tristes Moribundos esperando Castigo --- "se han dado kuenta k ESPERANZA Y ESPERANDO casi , es como casi se conectaran, solo es un dato" al ultimo perdi la idea pero se los dejo komo tarea k es lo k nos conecta kon esta palabra y la otra ---
Publicar un comentario